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El profesor de Filosofía del IES Lamas de Abade Javier Pérez Carrasco analiza en su última obra la ‘delirante’ y creciente desconexión entre las políticas educativas y el día a día real de los centros educativos // Mañana, a las 20.00 horas, se presenta en el café Airas Nunes TEXTO Francisco Cernadas

¿Ha muerto la escuela tradicional?

¿Ha muerto la escuela? Esa es la reflexión que se plantea Javier Pérez Carrasco en su último libro, De la escuela y sus delirios. A las puertas de la jubilación, con más de treinta años de experiencia en la enseñanza secundaria, el docente de Filosofía del instituto compostelano Lamas de Abade analiza en su obra la creciente desconexión entre las políticas educativas y el día a día de los centros.

“Aunque no soy ni psicólogo, ni pedagogo, ni psicopedagogo, ni sociólogo, ni economista, ni mucho menos reputado neurólogo, me propongo aburrir hablando de educación, pero no de una educación cualquiera, sino de aquella en la que trabajo desde hace años”, comienza su redacción el educador, un trabajo, publicado a través de Bubok Editora, que será presentado mañana, a las 20.00 horas, en el café Airas Nunes.

Por ello, atendiendo a la pregunta sobre la que versa la creación, el autor responde que, si muere, se debe a que “se le exige lo que esta no puede cumplir”. Así, explica, los discursos desde el ámbito de la política, de los expertos, de parte del propio profesorado y de los medios de comunicación coinciden en que “la escuela todo lo puede educar”, creencia que también queda reflejada, apunta, en las sucesivas leyes.

“Se convierte a la escuela en un lugar donde semeja que los conflictos como las diferencias de clase, la violencia machista, el cambio climático o la pobreza se superan, pero se superan incluyendo los correspondientes apartados en el currículo educativo o con la conmemoración puntual de un ‘día de la Paz - Tierra - Patria - Emprendedor - Mujer - loquecorresponda’ y estos discursos, estas jornadas y estas leyes no bastan”, se pregunta.

En base a esta circunstancia y teniendo en cuenta su amplia carrera en este ámbito, su propuesta avanza en el camino contrario. “Clarificar las funciones de la escuela desde la modestia de sus objetivos, la generosidad de sus recursos, la conciencia de sus limitaciones y contradicciones y el compromiso ante sus logros, delimitando los límites de su responsabilidad”, remarca.

Así, entiende, la retórica de la “integración” no es tal, por ejemplo, con aquellos escolarizados a la fuerza o con los que precisan de una atención especializada pero no tienen especialistas para ello. “Hay que admitir que “el aula no puede integrarlo todo y el docente no puede responder a todo”, insiste.

Otro de los principales temas a debate es la supuesta función de los centros como mecanismo de promoción social. “La pedagogía de que la escuela todo lo puede señala que la escuela tradicional tiende a reproducir la estructura de clases: los hijos de clases altas tienen muchísimas más probabilidades de seguir en las clases de sus madres-padres, que la que tienen los hijos de las clases bajas de ascender de clase. Este dato lleva a los defensores de que la escuela todo lo puede a defender la necesidad de que la escuela compense los déficit educativos que los chichachiscos arrastran condenándolos a no ascender de clase”, explica.

Dentro de estos prejuicios, incluye la eterna diferenciación entre la Universidad y la Formación Profesional, “ligándolas” al éxito o fracaso escolar, respectivamente. “¿Por qué no debe la escuela proveer de los recursos necesarios tanto a quien quiere trabajar en Medicina como a quien quiere ejercer la carpintería? Es función de la escuela hacerlo y es competencia de la política corregir los déficit de nuestro sistema social, por ejemplo, a nivel de renta disponible”, confiesa.

A través de esta vuelta de tuerca propuesta por el literato, destaca, “se permitiría contextualizar y desdramatizar el temido fracaso escolar que tantos titulares e intervenciones institucionales ocupa”. De este modo, “solo la modestia de la escuela nos permite diferenciar entre fracaso escolar, educativo y personal”.

A mayores, el libro abarca otros aspectos relacionados como “la necesidad de que la profesión docente sea tenida en cuenta a la hora de elaborar leyes, pero que también permita un análisis crítico de sus limitaciones y fallos; la urgencia de un debate sobre la presencia cada vez mayor de las pantallas en los centros educativos, sin pararse a considerar sus efectos negativos sobre el alumnado y su proceso de enseñanza; la creciente medicalización del alumnado; o el cajón desastre en el que se ha convertido la FP Básica”.

Todo ello lo acompaña con anécdotas vividas por el profesor durante sus años de instituto, humor, también, unas cuantas dosis de ternura.

TRAYECTORIA. Cabe destacar que en sus 34 años como docente ha hecho de todo en la ESO: director, jefe de estudios y profesor de Bachillerato, ESO, PCPI, COU, BUP, FP y FP Básica. Además, también ha escrito libros de texto de Filosofía y Religión. Asimismo, en Galicia ha publicado A Filosofía: outra historia, junto a Manuel Rodríguez, Margarita y la sombra de Atenea y el breve ensayo sobre el amor Margarita y el amor.

En Lamas de Abade es el responsable del proyecto Instituto de Investigación de Gadgets Tecnológicos, en el que investiga el impacto de la tecnología en la sociedad actual y, específicamente, en el ámbito escolar.

16 may 2022 / 23:45
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