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Insulina: ¡Feliz Centenario!

El 12 de diciembre se cumplen 100 años de uno de los más destacados descubrimientos de la historia de la medicina: el aislamiento de la insulina. Este hecho ha salvado, y sigue haciéndolo, innumerables vidas, y mejorado la calidad de la de millones de personas en el mundo.

12 de diciembre de 1921: El gran día

Estas palabras del Dr. Carrasco Formiguera (1892-1990) ilustran perfectamente el momento culminante de un largo proceso del que fueron protagonistas numerosos investigadores de múltiples países:

“....El profesor Macleod dió al mundo científico la primera noticia del trascendental descubrimiento realizado en su Laboratorio, en una sesión general de la Reunión anual de las Sociedades Americanas de Fisiología, Química Biológica y Farmacología, celebrada en New Haven, Conn., en diciembre de 1921, a la que tuve la fortuna de asistir.

Me es muy grato recordar la impresión grandísima que me produjo la comunicación del fisiólogo de Toronto y la que asimismo causó a todo el auditorio, del que formaban parte las más grandes figuras americanas de la Diabetología y la Fisiología, comprendiendo los principales precursores americanos en la preparación de extractos pancreáticos activos, los cuales, noble y explícitamente, reconocieron la importancia, el mérito y aun la originalidad del descubrimiento comunicado”.

El hallazgo. Frederick Grant Banting (1891-1941) nacido en Alliston, Ontario, hijo de granjeros metodistas, que contaba apenas 30 años, cirujano ortopédico, traumatólogo, con experiencia en la I Guerra Mundial, en la que fue herido y condecorado en Francia, por su valor bajo el fuego de Cambrai, y un, más joven aún, ayudante fisiólogo, aún no médico, Charles Herbert Best, de 22, fueron los protagonistas de esta historia.

Se cuenta que Banting impresionado por la muerte de la hija diabética de unos amigos se interesó por el tema. Michael Bliss (The Discovery of insulin), nada dice de tal cosa, parece ser una fantasía. Una de tantas cabalgatas pseudohistóricas de aficionados, como les llamaba el profesor López Piñero.

Banting se estableció en Londres—Ontario, Canadá-- en 1920 con poco éxito, consiguiendo, finalmente, una modesta plaza de ayudante-- demostrador o disector-- de cirugía y anatomía en la London´s Western University, en la que empezó a colaborar, ocasionalmente, en experimentos fisiológicos con el Dr. F. Miller. El domingo 31 de octubre de 1920, pasó varias horas preparando una charla sobre el metabolismo de los carbohidratos para los estudiantes de fisiología.

Con este motivo leyó el trabajo de Moses Barron: “La relación de los islotes de Langerhans con la diabetes, con especial referencia a los casos de litiasis pancreática”. Barron era un patólogo americano que comunicaba un caso raro de cálculo pancreático que había obstruido por completo el conducto pancreático principal, atrofiando toda la porción exocrina o digestiva de la glándula pero, permaneciendo intactas la mayoría de las células de los islotes o parte endocrina del páncreas.

Esta información, unida a la previa de muchos otros autores que habían ligado quirúrgicamente los conductos pancreáticos, avalaba la ya conocida hipótesis de que la llave de la génesis de la diabetes radicaba en los islotes.

Consultado el asunto con Miller, que era neurofisiólogo, no le animó a montar allí el experimento por falta de medios, animales, como perros grandes, etc. Miller recomendó a Banting que hablase con Macleod, profesor en Toronto, cerca de allí. Como tenía que ir a una boda a Toronto el siguiente fin de semana, pidió ser recibido por Macleod a quien no conocía más que por su prestigio.

El 8 de noviembre lo recibió, explicándole que muchos otros experimentados fisiólogos y en laboratorios mejor dotados, lo habían intentado. Pero el problema era de carácter técnico porque el mínimo fallo provocaba que las enzimas digestivas del páncreas produjeran la destrucción total del órgano. Tras unos días de entrevistas, el concienzudo Banting consiguió que Macleod le concediera, algún perro para sus experimentos, dos meses de tiempo, un laboratorio tranquilo donde trabajar, y algún ayudante.

Macleod, a punto de irse de vacaciones a Escocia, cedió y le puso dos ayudantes: Best y E. Clark Noble, que se alternarían por meses. Comenzó Best pero, al acabar el mes, Noble no quiso colaborar y Best se convirtió en su ayudante. Mediante una técnica ideada por Banting, consiguieron la completa y total degeneración del tejido exocrino, digestivo, y macerando el tejido residual en solución de Ringer, isotónica de electrolitos similar en composición al líquido extracelular, y luego filtrándolo, consiguieron obtener la secreción de los islotes, casi en estado puro.

Ensayaron en varios perros y, cuando se les acabaron, Banting vendió su viejo Ford para comprar más. Banting recordó una observación del Dr. Edouard Laguesse (1861-1927) de Lille, sobre que la fracción de islotes pancreáticos es mucho mayor en el feto que en el animal adulto.

Consiguió páncreas de fetos de vaca en el matadero de Toronto y, a partir del 14 de agosto de 1921, comenzaron a usarlo, consiguiendo mantener vivo un perro sin páncreas 70 días, primero con extracto de páncreas fetal y luego con el de páncreas bovino adulto. Llegado Macleod, comprobó los avances de ambos y comenzó a usar los extractos en humanos. Hubieron de llamar a Bertram Collip (1892-1965) bioquímico de Toronto, para que purificase la insulina al efecto de que fuese utilizable sin peligro en la clínica.

En 1923 recibirían el premio Nobel Banting y Macleod, no sin polémica, repartiendo su cuantía con Best y Collip, respectivamente. Hay que señalar que previo a este hallazgo hubo un largo camino de muchos científicos que, por motivos de espacio, no puedo contarles hoy.

13 dic 2021 / 01:00
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