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Los gigantones de la Catedral: cuando el ‘Coco’ y la ‘Coca’ bailaban en el Altar Mayor ante el Apóstol

LA REFERENCIA más antigua sobre tales figuras data de 1508, pero las actuales se considera que fueron construidas entre 1653-58 por el escultor Mateo de Prado y su coste total ascendió a 5.303 reales. Hizo ocho representando, por parejas, a los habitantes de los cuatro continentes que venían en peregrinación al santuario compostelano, Oceanía excluida entonces por desconocimiento geográfico.

El término gigantón, aumentativo de gigante, alude a su gran estatura. Los dos representantes de Europa, con el nombre propio, Coco y Coca, son los más bajos, con solo más/menos 2,60 m, la mitad de la estatura de los otros seis, que llegan a los más/menos 4,15 m. Dos músicos, un gaitero y un tamborilero, vestidos con uniforme amarillo y sombrero del mismo color, precedían siempre, musicando, el deambular o bailar de los referidos gigantones que marchaban en rigurosa fila, primero el Coco y la Coca, luego los denominados peregrinos porque vestían como tales (sombrero grande cuyo formato recuerda el de los tricornios de la guardia civil, esclavina adornada con conchas, escarcela y bordón en la mano derecha); luego los asiáticos cuyo vestido incluye el peculiar turbante y un enorme alfanje que porta el varón en su cintura izquierda; finalmente los amerindios o indios de América, identificados por sus gorros de plumas multicolores.

1. Estructura general. Un armazón de madera y mimbre con zonas almohadilladas donde el porteador soporta todo el peso de la figura. Dicho armazón sostiene, en su parte alta, la cabeza-cuello y todo él va cubierto con los vestidos y sus complementos, cuyas mangas llevan sujetas las manos. Una ranura-ventana, en la parte anterior, sirve para que entre-salga dicho porteador y le permita ver su entorno para que pueda coordinar y dirigir adecuadamente los movimientos. Como el conjunto pesa mucho tienen que hacerse paradas de vez en cuando, quedando el gigantón, entonces, verticalmente sostenido por las patas de su armazón.

2. Vestidos y complementos. Por referencias documentales, que datan entre los años 1675-1897, sabemos que tales figuras sufrieron numerosos retoques, cambios y modificaciones, por necesidades funcionales y estéticas ya que, sobre todo en el Coco y la Coca, se procuraba adaptarlos a las modas del vestuario según las diversas épocas, lo que era esperado con emoción por el público. Así, en la actualidad, el primero cubren la cabeza con gorra de plato, lleva gafas binoculares y luce, sobre su abrigo azul, la banda de la Gran Cruz de la Orden del Mérito Naval (colores de la Bandera española); ella, la Coca, pañoleta y blusa de puntilla, todo esto colocado en la década de 1960.

La pareja de gigantones peregrinos es inequívoca por la peculiaridad del atavío que utilizan todavía hoy quienes llegan a venerar al Apóstol Santiago. A la pareja de los asiáticos se les llama en los documentos turcos, quizás en recuerdo del terror de sus acosos marítimos en el Mediterráneo, que se terminaron con la batalla naval de Lepanto, ganada por la alianza de varios países cristianos capitaneados por D. Juan de Austria, en 1571. Y nada que decir de los amerindios, pues su propia procedencia los define como posteriores al descubrimiento de América en 1492.

La realización de estas figuras supuso el trabajo de numerosos artesanos: carpinteros; joyeros (pendientes, broches, etc.); sastres; costureras; bordadores; cordoneros; peluqueros (había que arreglar continuamente porque se las comían los ratones; etc). El importe de tales mantenimientos consta documentalmente en los Libros de Fábrica de la Catedral y también los nombres de quienes lo llevaron a cabo.

3. Nombres de personas y prendas. Además de Coco y Coca, sólo aparecen denominaciones de circunstancias para designar algunas de las figuras que nos ocupan tales como gigantes pequeños o jorobados, a la Coca, además, la maragata, quizás por la ropa con que la vistieron en un determinado momento; a los peregrinos se les denomina también los negros y a los asiáticos los turcos.

Destacan, asimismo, los nombres de algunas prendas y complementos: levita; sombrilla; mantilla; peinadora; montera; cartera de peregrino (escarcela); toca; etc.

4. Funcionalidad de los gigantones. Participaban en las siguientes festividades catedralicias:

4.1. La procesión del Corpus Cristi en la que antecedían a la custodia que presidía dicho cortejo donde iba expuesta, solemnemente, la Sagrada Hostia. Representaban el mal y el bien absoluto, que lo vence. Esta antítesis de gigantes y deidades es antiquísima en la historia de la humanidad.

4.2. Anuncio de la festividad solemne del Apóstol Santiago en su víspera del 24 de julio. Este día, a las doce de la mañana y tocando la hora, con sus campanadas el reloj sito en la torre de la Catedral, salían los gigantones por la Puerta Real de la basílica a la Plaza de la Quintana donde se congregaba un enorme gentío, sobre todo de niños que esperaban no asustarse demasiado con las figuras que iban a ver. Acompañados por su gaitero y su tamborilero, los gigantes bailaban en el centro de la plaza y, acto seguido salían de ella para desfilar por las calles inmediatas del centro de la ciudad, con las paradas necesarias. Hacia las dos de la tarde regresaban, también desfilando, al lugar de procedencia.

4.3. Día del Apóstol, día 25 de julio. Formaban parte de la procesión cívica que acudía a la Misa Solemne por la Puerta del Obradoiro y luego concluida la función religiosa y retirados sus oficiantes, el Coco y la Coca, antecedidos por gaitero y tamborilero, subían a la Capilla Mayor y bailaban ante el altar, como expresión de afecto del pueblo gallego hacia su santo y particular patrono. Lo hacían sólo esos dos gigantes por la limitación del espacio disponible y, concluido el baile, regresaban solemnemente al lugar de procedencia, en la Puerta Real, acompañados por los aplausos del mucho público asistente. Esta ceremonia se mantuvo, desde no se sabe cuándo, aunque se le menciona en 1885, hasta principios de la década de 1950.

Sabemos que, excepcionalmente, los gigantes no actuaron el año 1765 porque, en ese momento, la Catedral no podía pagar el coste de quienes los portaban y los músicos, que sumaban 600 reales. Tampoco y por ese mismo motivo no se dispararon los fuegos de artificio que acompañaban dicha actuación en la Plaza de la Quintana, cuyo importe era 8.000 reales.

4.4. Años Santos. Consta que, en alguno de tales años, los gigantones participaron en la procesión que, desde la Puerta de Platerías, discurría por la Plaza de Quintana hasta la que iba a abrirse. Tal aconteció en 1852, cuando vino a hacer la ofrenda nacional de España la Infanta Dª. Luisa Fernanda, escena que plasmó en una preciosa litografía del artista Osterberger, donde puede verse a los ocho gigantes apoyados en la pared de la Catedral junto a la escalinata de subida.

5. Circunstancias excepcionales. En 1673, el Cabildo Catedralicio autorizó que los gigantones participasen en una fiesta litúrgica conmemorativa de la canonización de San Francisco de Borja, celebrada en la iglesia de los Jesuitas, lo que había solicitado al Cabildo el Padre D. Rodrigo del Castillo. Puede que colaboraciones institucionales similares las haya habido más veces con diversos organismos.

En el año 1757 consta que el Cabildo hizo un pago de 900 reales al Aparejador de la Catedral e ilustre artista D. Clemente Fernández Sarela, por el “trabajo extraordinario que realizó en la hechura y composición de los gigantones, muy mal tratados en un incendio acaecido el año 1751”. ¿Hubo que rehacer, al completo, alguno de ellos?

04 abr 2021 / 01:00
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