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El recinto artístico de la Catedral compostelana reabrirá sus puertas el próximo 24 de junio, después de permanecer cerrado desde el 15 de noviembre, a causa de la pandemia. Una nueva oportunidad para descubrir obras únicas TEXTO Paloma Campos Gil

Los secretos tras las reliquias del museo vuelven a ver la luz

El Museo de la Catedral de Santiago reabrirá sus puertas el próximo 24 de junio. Tras siete meses de clausura, desde el pasado 15 de noviembre, debido a las restricciones sanitarias, los visitantes podrán volver a acceder a la exposición que alberga piezas y fragmentos de la historia de uno de los destinos de peregrinaje más importantes del mundo. Desde los tapices de Rubens y Goya, hasta el recién restaurado Pórtico de la Gloria, muchas de estas obras ocultan simbologías que están aún por descubrir.

Una de las características únicas del Museo de la Catedral es que se trata de uno “vivo”, ya que las obras expuestas son trasladadas para utilizarse durante las celebraciones. Un ejemplo de esto es el botafumeiro original de José Losada, de 1851. La reliquia de incienso que se utilizaba en el siglo XII para eliminar el mal olor, a la llegada de los peregrinos a la Catedral, se utiliza ahora en fechas señaladas. Sin embargo, ésta no es la pieza original, ya que fue robada por Napoleón y sus tropas en 1809 durante la invasión francesa. Esta pieza no siempre se ha sostenido firme en su recital de vaivén, pues cayó al suelo en 1499 a los ojos de Doña Catalina de Aragón y Castilla. Esto sucedió en una ocasión más, en mayo de 1622, sin originar ninguna víctima.

Otro de los destacados objetos del museo que se podrá visitar se esconde en la capilla de las Reliquias, y se trata de la esclavina original realizada para el Apóstol Santiago. Originalmente se trataba de uno de los atuendos históricos del peregrino, y era utilizado en la Baja Edad Media para cubrir los hombros frente a climas adversos. Posteriormente, el arzobispo fray Antonio de Monroy le encargó al platero Juan de Figueroa crear la pieza que vistió al santo en la capilla central. Realizada en plata, plata sobredorada y pedrerías, la esclavina está decorada con símbolos jacobeos y emblemas militares. Fue en 2004 cuando decidieron sustituirla por una reconstrucción de la misma, ya que tras 300 años de abrazos de peregrinos a la estatua del Apóstol, ésta comenzó a desgastarse, y la original se guardó en el museo. Recientemente, en noviembre de 2020, se ha vuelto a colocar una esclavina de plata restaurada, tras llevarse a cabo una limpieza en profundidad.

La colección de tapices de Rubens y Goya es uno de los elementos emblemáticos del museo, y otra parte que alberga mensajes desconocidos al público. Pedro Acuña y Malvar es uno de los personajes a los que este conjunto artístico está ligado, puesto que fue canónigo en la Catedral de Santiago, y legó en su testamento una amplia colección de cien tapices españoles y algunos flamencos. Siguiendo un orden cronológico, está la serie dedicada a la Historia de Aquiles, diseñada a partir de los cartones de Pedro Pablo Rubens, y realizadas en 1648. Hoy en día la Catedral conserva cinco de las ocho escenas originales y forman parte de la segunda serie que realizó el artista. Se especula que fuesen un encargo de Carlos I de Inglaterra o Felipe IV de España. Por ello, la de Santiago es la colección más antigua que se conoce, y también la única que se conserva en España.

Un siglo después, en el XVIII, Carlos III se alejó de la escuela flamenca para promover artistas locales que pudieran representar escenas costumbristas. Para ello, trabajó con algunos como José del Castillo y Zacarías González Velázquez, de los que se conservan algunas obras en el museo. Sin embargo, las que más destacan son los doce tapices realizados a partir de los diseños del reconocido pintor Francisco de Goya, entre 1777 y 1780. Se adquirieron por don Pedro Acuña en una subasta pública en 1794, al ser catalogados como “inútiles para las reales servidumbres”. La serie muestra una riqueza de colores como gris, plata, negro y rojo, y dándole los cambiantes toques de luz, característicos del artista. En 1778 el director de la Real fábrica donde fueron tejidos los tapices presentó formalmente una queja, alegando que era imposible trasladar al tejido los toques de luz en sus tonos cambiantes. Para conseguirlo, utilizaron técnicas de alto y bajo lizo, además de materiales como la lana, para los tonos oscuros, y seda para los claros. Interpretaciones sobre el artista identifican en su obra La maja y los embozados, la representación de la envidia debido al toque moralista con el que trata esta serie y su relación con los pecados.

09 jun 2021 / 01:00
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