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Luis Calviño, un hombre de Cáritas

    Lo conocí en su primera etapa de presidente de Cáritas Interparroquial de Santiago (1986-1994). Luis Calviño era un hombre afable y siempre dispuesto, así que acabó por convertirse en una voz habitual de mis programas, tanto que desde la radio organizamos conjuntamente una campaña de recogida de ropa infantil y enseres de bebé para los damnificados de la guerra de Bosnia. ¡Malditas guerras que no se acaban nunca! Toda la ciudad se volcó hasta tal punto que llenamos un camión con aquellos pañales para el Niño Jesús, tal como se nombró dicha acción solidaria en la que, además de la generosidad de la gente, participaron muchas manos. Los oyentes más cercanos se encargaron con los voluntarios de Cáritas de recoger y ordenar todo aquel material en las dependencias del palacete de San Roque. A pesar del triste destino, estábamos sorprendidos y entusiasmados ante tamaña humanidad. Aquella peripecia llegó a buen término cuando el arzobispo Rouco dio indicación de que Luis, Odilo y yo fuésemos a Viena para abonar el transporte desde Santiago, vehículo que debía llegar hasta la frontera, donde se haría la entrega de aquel equipaje de amor.

    Pasó el tiempo y antes de la pandemia nos reencontramos cuando Luis vuelve a la dirección de la Interparroquial. Tuvo que lidiar con las consecuencias del confinamiento, las restricciones y la propia prevención del coronavirus; porque en situaciones de emergencia siempre son las personas vulnerables las que peor lo pasan. Cáritas no dejó de atender a nadie, se adaptó y readaptó al estado de alarma y a los estados de necesidad que cada vez eran mayores, debido a la caída de empleos, particularmente en el sector de la hostelería. Hizo de la necesidad virtud. Incluso, en este entorno hostil, fue capaz de mantener todos los programas, con las limitaciones impuestas por Sanidad, y crear uno nuevo en el que había depositado toda su ilusión en esta segunda etapa al frente de la entidad. Se llama Familia Abierta y está destinado a cualquier persona que esté o se sienta sola. Se reúnen por las mañanas en el albergue Xoán XXIII y comparten sus cosas, sus inquietudes, sus vidas. Él también compartió su vida. “Siempre fui un hombre de Cáritas y de Iglesia. Es reconfortante cuando puedes ser útil a los demás, a esas personas que te abren su corazón y te confían sus problemas. Da sentido a mi vida”, me dijo en una entrevista reciente. El funeral se celebra hoy, a las cinco de la tarde, en la iglesia de Santa María de Portor (Negreira). Adoraba la familia, cuatro hijos y cuatro nietos, y la comida de los domingos todos juntos.

    14 may 2022 / 01:00
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