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Crónica negra de Santiago

María José Arcos, una misteriosa desaparición que marcó época

María José Arcos Caamaño tenía 35 años, vivía cerca de Santiago de Compostela y, de un día para otro, desapareció sin dejar más huellas que las de su coche, aparcado en las inmediaciones del faro de Corrubedo. En su interior estaba su bolso, del que prácticamente no se separaba, un biquini y un paquete de tabaco, además de su cartera con el dinero que llevaba.

No había más rastro que esas cuatro cosas que delataban unos planes que podían haberse visto quebrados por la actuación de una persona que, desde el principio, había sido señalada por la familia con nombre y apellidos. Sin embargo, la justicia no fue capaz de dar con las pistas necesarias para confirmar el posible homicidio de la compostelana.

Sus allegados habían apuntado desde el principio a un conocido y amigo de María José; no tenían a otro sospechoso y en ningún momento dudaron de la autoría, ni del motivo de la desaparición. Para ellos, siempre fue un homicidio. Arcos desapareció hace ya 25 años.

La última vez que su familia la vio era agosto y estaba de vacaciones. Ese día, María José tenía pensado volver a casa tras una cita con un hombre. Todo estaba listo para el encuentro, pero, tras abandonar la casa familiar, no volvió a ser vista nunca más.

NO REGRESÓ. La idea inicial era pasar los cuatro días de vacaciones que le quedaban en un barco que acababa de adquirir su pareja sentimental. Sin embargo, algo cambió todos sus planes. El día previo a su desaparición hizo una llamada. Su madre estaba presente, pero no pudo escuchar nada. María José se había dirigido a otra habitación y arrimado la puerta lo suficiente como para no dejar discernir cuáles eran las palabras exactas.

Al terminar la llamada y salir de la habitación, parecía contrariada por algo. Tras ese intercambio telefónico había cambiado el ánimo de María José y mencionó a su familia que, en vez de pasar cuatro días fuera de casa, se iría por la mañana y regresaría esa misma noche. Pero eso no pasó, ni esa noche, ni ningún otro día.

La desaparición de María José Arcos es un caso sin sentencia y sin resolución que supuso y constituye un duro y tortuoso proceso, especialmente para la familia, que veía cómo a medida que iban pasando los días no había novedades, ni sospechosos, y todo apuntaba a un cierre temporal de las diligencias, sin saber muy bien hasta cuándo. Y es que a pesar de los esfuerzos y los impulsos de la familia compostelana por aportar nuevas informaciones y avanzar en la investigación, todo parecía volverse en su contra.

Las declaraciones se centraron desde un inicio en las versiones de las personas más cercanas a María José Arcos. En las últimas horas de la desaparición, la compostelana abandonó el domicilio paterno entre las 12. 30 y las 13.00 horas del 15 de agosto de 1996, con la intención de regresar aquella misma noche a la casa familiar que tenían alquilada en Abelleira, Muros.

Eran muchos los enigmas que parecían rodear la misteriosa ausencia de María José Arcos. Era una mujer de éxito y comprometida en su trabajo, que había desaparecido sin dejar ningún rastro, nada más que un Seat Ibiza rojo y sus pertenencias.

Ante las hipótesis iniciales planteadas por los investigadores de la Policía Nacional, la familia negó el hecho de que pudiese tratarse de un suicidio o de una huida planeada dejando atrás a su gente. Según sus conocidos y allegados, María José era una persona familiar, por lo que esto no era posible.

Sin embargo, lo único que encajaba era la situación del último rastro de la mujer, en la playa, donde dijo que iba a pasar el día. Además, poco tiempo después, se conocería que una amiga íntima, con quien tuvo contacto el día anterior a la desaparición, confirmó la cita con aquel misterioso hombre.

Todo parecía indicar que alguna persona ajena a la familia la había visto por última vez. Mientras, se confirmó la identidad del conocido con el que presuntamente había quedado la víctima, un cámara del equipo gráfico de TVE con el que Arcos mantenía una relación, definida por sus habituales momentos de altibajos. Con todo, la única pista de este encuentro no habría sido tenida en cuenta por los investigadores del caso.

CUANDO EL COCHE HABLÓ. Rosa Arcos, la hermana de la aún hoy desaparecida, fue a recoger el coche de María José, que tras las primeras investigaciones seguía en el mismo lugar donde había sido encontrado. Cuando iba a llevárselo a casa se percató de algo. La posición del asiento no le permitía llegar con facilidad a los pedales, por lo que debía estar ajustado a la última persona que condujo ese coche hasta el pie del faro, y no había sido María José, sino una persona más alta que ella y su hermana.

La familia sostuvo una teoría desde el principio y la continúa manteniendo en la actualidad. Para ellos había un claro sospechoso. Sin embargo, los hechos se fueron sucediendo de una forma opaca, o al menos, eso parecía.

El 21 de agosto se producen dos hitos relevantes en el caso. El primero, en Corrubedo. La Guardia Civil tomó declaraciones a varios testigos y consiguió información suficiente para determinar cuándo fue estacionado el coche en el faro. Según los datos, se produjo en la madrugada del día 16, entre las tres y siete de la mañana.

CONTRADICCIONES EN LA DECLARACIÓN. El segundo hecho relevante en la investigación se produce en Santiago. Después de varias conversaciones previas con el principal sospechoso y presunto acompañante de María José, la Policía Nacional decide tomarle declaración escrita por primera vez. Y esta no sería la última ocasión.

En otras sucesivas, se podrían extraer importantes contradicciones, según fue manifestando la familia a lo largo de todos los años de lucha.

EL COMPORTAMIENTO DEL PRINCIPAL SOSPECHOSO. El amigo o pareja de María José presentó conductas un tanto confusas. Durante el registro de una finca de su propiedad, les dijo a los guardias civiles que allí no iban a encontrar lo que buscaban y les pidió si podía seguir cambiando el aceite del coche, acción que ya se encontraba realizando cuando la Guardia Civil le comunicó que estaban allí para detenerle por el caso de María José.

Los agentes encontraron una colección de recortes de prensa que hablaban de la desaparición, facturas de sacos de cal y grilletes. Pero no lo suficiente. El hombre pasó un mes en la cárcel y, un año después, el caso se archivó de manera definitiva hasta ahora.

SOSPECHAS MANTENIDAS. Una de las hermanas de la desaparecida, Rosa Arcos, aseguró en 2011 con la detención de la pareja sentimental de su hermana que: “Yo ya pedí que se le detuviese a los tres días de desaparecer mi hermana, después de mantener una entrevista personal con él”.

Ante la maraña de hechos que dificultaban la localización de María José Arcos, la familia se encontraba en una encrucijada en donde todos los caminos parecían remar en su contra. Por una parte, la policía insistía en la hipótesis de la Audiencia, en esa inexistencia de indicios para mantener abierta la investigación.

En ese intervalo, según explica la familia a través de la plataforma mariajosearcos.com, mantuvieron una entrevista con el delegado del Gobierno en Galicia, quien, según relatan, se limitó a respaldar la hipótesis del suicidio, invitándoles a “esperar que el mar nos la devuelva”, cuando desde el principio la familia descartó por completo la posibilidad del suicidio o de una marcha voluntaria.

En esa frase se dejó entrever algo que la familia sufrió durante años, una falsa empatía en un caso mediático. Se barajaron varias líneas de investigación. Un posible accidente en el mar -a pesar de lo tranquilo que estaba aquel día- o la interrupción voluntaria de la vida, entre otras. Todas fueron rechazadas por el círculo íntimo de la mujer. Rosa ahora se pregunta por qué nunca se cuestionó la versión “contradictoria” del que era el compañero sentimental de María José Arcos. “Porque se impuso otro mensaje, el de que es un buen chaval, con una carrera de éxito, con dinero, como si María fuese poca cosa para semejante partido”, afirmó.

“¿Como queréis que descansemos?”, preguntaba Rosa Arcos en una de las cartas presentes en la plataforma por la lucha y memoria de su hermana. “Detrás de las desapariciones de muchas mujeres está la violencia de género, crímenes machistas perversamente agravados con ocultación del cuerpo de la víctima causando más dolor, angustia y tormento a sus familias”, aseguró.

Rosa concluyó su escrito con una frase: “Solamente pedimos justicia”.

víctima
¿Quién era maría José Arcos?

··· Nacida en Mazaricos, el 1 de marzo de 1961, se traslada con su familia a Santiago con tres años. En 1985 comenzó a colaborar con el sindicato Unións Agrarias de Galicia. Fue la primera responsable del departamento de la Mujer y fundadora de la Asociación de Mujeres Rurales Donamiña, además de miembro de la UGT Galicia y del UPA. Estuvo afiliada al Partido Socialista desde el año 87, entre otras actividades sindicales. María José Arcos siempre estuvo volcada en la lucha por la igualdad de oportunidades entre hombres y mujeres, y por la integración social de los colectivos más desfavorecidos.

En 1990 un hombre no vuelve a casa en Pontevedra: un mismo sospechoso y sin pruebas estables
El caso de José Ramón Pazos comparte aspectos parecidos con el de Arcos// Su cuerpo no fue hallado
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A través de una confidencia desde fuentes policiales, la familia tuvo conocimiento de otro suceso que se había producido unos años antes: en 1990 tuvo lugar la desaparición de José Ramón Pazos Suárez, un joven batería de la Orquesta de la TVG. Había tres coincidencias con la desaparición de María José: un mismo sospechoso, una persona desaparecida y la aparente ausencia de una investigación policial profunda.

El asunto en este caso estaba relacionado con dos hombres, vinculados entre sí por haber mantenido relación con la misma mujer, pareja del desaparecido. Uno de ellos decidió hablar con el otro sobre ese tema. Concretaron una cita en el pub La Luna y quedaron una noche para verse, a altas horas, el mismo día que actuaba en ese local José Ramón. Tras la cita, en la que hubo testigos sobre su encuentro, uno de los dos desapareció y nunca más se supo de él. La última vez que se le vio había compartido vehículo con el sospechoso de los dos casos.

De hecho, su mujer llegó a denunciarle en un primer momento por abandono del hogar, sin pensar en ningún momento que podría haber desaparecido bajo la fuerza ejercida por otra persona. Quien siguió llevando una vida normal era el mismo que mantenía una relación con María José, y con el que iba a disfrutar del puente de agosto, tras el que ella tampoco volvió a casa con su familia.

Aunque pareciese coherente -dos casos vinculados por características similares y un mismo posible sospechoso- las fiscalías de cada caso no llegaron nunca a crear una vía de comunicación informativa que estableciese un puente entre ambos sucesos. Nunca llegó a haber un acuerdo. Según la fiscalía, ante la petición de la familia, este hecho “solamente constituye una desafortunada casualidad”.

SE REABRIÓ EL CASO. El caso de Pontevedra se reabrió 10 años después, entre otras cosas, para solicitar una prueba de ADN a uno de los hijos del hombre desaparecido, con el objetivo de enviarla a un banco de datos de personas desaparecidas.

Con todo, hasta 2006 no se realizó la prueba y José Ramón Pazos Pérez tampoco apareció. Ambos casos mantienen una serie de paralelismos que harían dudar a cualquiera.

El sospechoso nunca fue imputado. Todas sus coartadas -aparentemente tuvo un puente muy activo- fueron comprobadas.

En relación al caso de José Ramón, algunos testigos afirmaron haber visto al sospechoso realizando trabajos por la inmediaciones de la casa de su madre, un lugar que se encontraba bastante cerca del pub en donde el desaparecido fue visto por última vez. El hecho delictivo estaría prescrito, a no ser que se encontrasen los restos del hombre.

Las investigaciones se centraron en la búsqueda del cuerpo de José Ramón, con georradar y excavadoras, pero a pesar de los intentos, nunca se llegó a encontrar nada. No se le volvió a ver, exactamente igual que lo que sucedió con María José Arcos.

El caso de la compostelana nunca avanzó de forma consistente. La familia mantuvo una larga lucha. Organizó movilizaciones populares. Puso en marcha una página web -mariajosearcos.com-. Hace poco, fueron recibidos por el fiscal general del Estado, Cándido Gómez Pumpido, al que solicitaron una coordinación entre las fiscalías y mantener ambos sumarios abiertos.

Pero sobre el caso pesa el tiempo perdido de las primeras semanas, los defectos, las ausencias de declaraciones y las pruebas que no se pudieron tener en cuenta. Han pasado 25 años desde que la familia de María José Arcos no la ha vuelto a ver.

En Compostela conviven los actores de un caso archivado. El sospechoso no es un personaje anónimo, pero desde luego, no está imputado.

María José tuvo que ser declarada oficialmente fallecida con la muerte de su madre, Purificación. Era la única forma posible de cerrar la herencia, aunque Rosa, una de las hermanas de la desaparecida, explicó que fue una decisión que desearían no haber tomado nunca. “Solo pedimos justicia”, dijeron, y no la hubo.

20 dic 2021 / 01:00
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