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El Monasterio de Oseira recupera el pulso tras el pico de la pandemia: pone en marcha la hospedería de peregrinos y reactiva las visitas y la tienda de productos típicos // El coronavirus no logró atravesar sus sagrados muros, entre los que viven once monjes, algunos mayores de 90 años TEXTO Lorena Rodríguez de la Torre

Reabre el ‘Escorial’ del Camino

Al Monasterio de Oseira le dicen, por su belleza, el Escorial gallego. Situado en el trazado del Camino de Santiago, cuenta con un albergue público, del que se ocupan los monjes, muchos de ellos de edad avanzada. Estuvo cerrado a cal y canto, pero desde ayer la hospedería y las visitas están de vuelta.

Tras varios meses de confinamiento, esta construcción enclavada en la provincia de Ourense ve volver a su público aunque, eso sí, bajo estrictas medidas de seguridad, como el uso obligatorio de mascarilla y límite de aforo, al 75 % de la capacidad.

Son las normas de la conocida como nueva normalidad en este refugio perteneciente a la orden cisterciense en el que el cantante Alejandro Sanz grabó un videoclip. Pese a las actuales restricciones, a la hospedería que el músico tanto celebró ya han acudido los primeros visitantes, como turistas y algún fotógrafo, para disfrutar durante unos días de este auténtico oasis que ocupa un espacio natural por el que transcurre parte de una histórica ruta de peregrinación que conduce a Compostela.

El turismo supone la principal fuente de ingresos de este monasterio, que combina la actividad espiritual de los monjes con la llegada de miles de visitantes que cada año llaman a su puerta. La tienda en la que venden artículos muy variados, como licores (el eucaliptine); pastas artesanas, libros y figuras, también es una parada clave.

Un tímido arranque ha dado paso ya a “las primeras llamadas de personas interesadas en hospedarse, sobre todo, más adelante”, a medida que se vayan reduciendo las restricciones, relata a Efe el Superior, Enrique Trigueros.

Dentro del cerco amurallado, la tranquilidad es la tónica habitual en este lugar, en el cual los anfitriones combinan sus rezos con la elaboración de licor, el cuidado de sus animales (vacas autóctonas) y de una pequeña huerta. Trigueros desvela un dato que todos desean escuchar: “Aquí no hemos tenido ningún problema. No ha entrado el virus”.

Los monjes de Oseira se enclaustraron totalmente y cerraron sus puertas al público el pasado 13 de marzo cuando todavía no se conocían de manera fidedigna las medidas que había que tomar. El comentario de Trigueros no deja lugar a la duda: “En estos tres meses no ha podido entrar nadie, sólo hemos estado nosotros”.

El motivo está claro: frustrar el paso del pequeñísimo agente infeccioso que ha puesto en jaque al mundo y, consecuentemente, eventuales contagios. “Aquí tenemos monjes de más de 90 años, que por tanto son de alto riesgo”, detalla Trigueros.

Más allá de la preocupación por el “bicho”, la pandemia no ha supuesto cambios importantes en la rutina de los once monjes que ya vivían antes de la emergencia sanitaria “casi en clausura” en el interior de Oseira.

“Para nosotros ha sido algo muy sencillo pues estamos acostumbrados a vivir en clausura y a la dinámica de la oración y trabajo”, revela el padre Trigueros.

Los monjes mantenían sus horarios: se levantaban sobre las cuatro de la madrugada y combinaban su vida en soledad con actos comunes como los rezos.

El principal problema ha sido, como ha ocurrido en general, el económico. “Con todo cerrado, los ingresos han sufrido mucho”, resume el superior.

21 jun 2020 / 00:45
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