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Santa Susana, copatrona fáctica de la ciudad de Santiago. Historia y antropología

El personaje. Sus restos mortales se conservan en el altar de la Capilla de las Reliquias de la Catedral de Santiago y es tenida por co-patrona de la ciudad, con el Apóstol. Vivió a finales del siglo III en territorio bracarense, es decir donde asentaba la ciudad romana de Brácara Augusta. Martirizada por decapitación durante la persecución decretada por el emperador Diocleciano contra los cristianos, se sabe muy poco de su vida.

En 1102 el obispo de Santiago D. Diego Gelmírez hizo exhumar lo que quedaba de su cadáver, enterrado en una iglesia que le había sido dedicada en Brácara o en sus inmediaciones y dispuso su traslado a Compostela, operación que repitió con las reliquias de los también santos Fructuoso, Silvestre, Cucufate y Víctor, todos sepultados en iglesias que eran propiedad de la diócesis compostelana, por tanto Gelmírez actuaba, con tales exhumaciones, en lugares que le pertenecían. A pesar de ello la historia denominó a este traslado como “pio latrocinio”.

Compostela le rinde culto.

El clero y el pueblo de Santiago acudieron al lugar llamado “Milladoiro”, en el camino que venía de Portugal por Pontevedra y Padrón, para recibir las citadas reliquias que condujeron solemnemente a la ciudad convencidos de que, por su virtud, “iban a ser preservados de toda peste y enfermedad”.

Las de Fructuoso, Silvestre, Cucufate y Víctor quedaron depositadas en diversos altares de la Catedral, mientras que para acoger a las de Susana se destinó la iglesia llamada del “Santo Sepulcro”, que mandó edificar poco tiempo antes el mismo Gelmírez, en un pequeño montículo situado fuera de las murallas de la urbe por el Suroeste, pero en su inmediación, el llamado “Otero de Potros”. Posteriormente ese templo y montículo serán conocidos como “de Santa Susana”.

En 1572 el cronista del Rey Felipe II, Ambrosio de Morales, vio todavía, en la indicada iglesia, el cuerpo de Susana, que se exponía a los fieles dentro de una “Arca...de quatro palmos en largo, y más de dos en alto (hecha) de latón y esmalte”. Comenta que dicha santa sufrió martirio, por decapitación, en día “once de agosto, (sin especificar el año) por no quererse casar con el hijo del Emperador Diocleciano..., como se refiere en el Breviario de Pio V, (que fue Papa entre los años 1566 a 1572)”.

Sabemos que entre 1572 y 1607 el referido cuerpo fue llevado para la “Capilla de las Reliquias” de la Catedral que se organizaba por entonces en una dependencia del Claustro, llamada “Trastesoro” y que pasó, en el periodo 1617-1641 a ocupar otra pieza mayor cercana, donde permaneció hasta la actualidad.

Aquí los restos óseos de Santa Susana se colocaron en una “arqueta” nueva, costeada por devoción del canónigo D. Andrés Martínez de Loaysa, ejecutada por el platero compostelano Matías Vieites, quien la terminó en 1684, por importe de “300 doblones”.

Partes del esqueleto conservadas.. El estudio antropológico de las reliquias que hemos podido efectuar en 1994, año en que se entregaron a la Archidiócesis Bracarense, a petición suya, una parte de tales reliquias nos permite afirmar las siguientes cuestiones:

Muchos de los huesos sufrieron “calcinación”, por los efectos destructivos de un incendio que destruyó en buena medida la citada “Capilla de las Reliquias”, acaecido en la madrugada del 1 al 2 de mayo de 1921, posterior a la celebración, en dicho lugar, de la fiesta de San Felipe y Santiago el Menor, Apóstoles.

Las piezas esqueléticas pertenecen a una sola persona, muy incompleta, pero verosímilmente, de sexo femenino, de edad adulta joven, donde se incluye una “falange digital” de aspecto infantil.

La falta de vértebras cervicales impide ratificar la atribuida causa de muerte por decapitación.

A la Catedral de Braga se le cedieron las siguientes pieza óseas: vértebra lumbar, de que solo se conserva una parte del “cuerpo” (mide 56,5 mm. transversalmente), fragmento central de la diáfisis del fémur izquierdo (224 mm. de longitud); tibia izquierda (fragmento central de su diáfisis con 148 mm. de longitud); 2 fragmentos de diáfisis peroneal que corresponden, a ambos peronés, derecho e izquierdo de la misma persona, con 81 y 64 mm. de longitud respectiva; calcáneo izquierdo, prácticamente completo, con pequeñas pérdidas de sustancia a nivel de sus caras externa y zona postero-superior de la interna (74 mm. de diámetro antero-posterior máximo); 10 fragmentos inidentificables pertenecientes a huesos largos (longitudes variables entre 25 y 45 mm.).

Estas reliquias se entregaron al Arzobispo de Braga, D. Eurico Dias Nogueira y una delegación de su Cabildo, el día 17 de noviembre de 1994 en una arqueta de cristal y plata que les entregó el Arzobispo de Santiago, D. Julián Barrio y una delegación de su Cabildo.

En la Catedral de Santiago, “arqueta” existente en la “Capilla de las Reliquias” quedaron los restantes huesos conservados, visibles en los fragmentos de los miembros superiores e inferiores.

Copatronado fáctico. A partir de 1600 el interés de los compostelanos por Santa Susana fue “in crescendo” al extremo que, sin que nadie lo decretase oficialmente, pasó a ser considerada “copatrona de la ciudad”, después del Apóstol Santiago. Los siguientes argumentos lo demuestran:

1. El cuerpo de esta Santa, en su “arqueta” era sacado de la Catedral, procesionalmente, cuando se hacían “rogativas” generales para implorar el auxilio divino en graves contingencias. Tal sucedió, por ejemplo, con las que se hicieron en 1676 y 1677, por orden regia, a favor de las ciudades de Cartagena y Murcia, diezmadas, con sus comarcas, por imparable mortalidad epidémica.

2. Quizás, en alguna medida, con similar intención protectora el Cabildo catedralicio compostelano bautizó, con el nombre de “Susana” a una de las campanas que, por lo menos desde principios de la décimo séptima centuria, existía en la “torre grande” de la basílica (¿torre de las campanas, en la fachada del Obradoiro?). Dicha campana, rajada muchas veces por el uso volvió a fundirse, por lo menos, en seis ocasiones: 1626, 1645, 1648, 1655,1719 y 1734. Creemos que no subsiste en la actualidad.

3. Cuando el insigne arquitecto Fernando de Casas y Novoa construyó la fachada del Obradoiro (1738-1750) una de las estatuas incluidas en la misma es la de santa Susana. Se la puede ver provista de los atributos generales de los “mártires” (corona y palma), en el extremo Norte del balaustre que remata el cuerpo bajo antepuesto a la “Torre de la Carraca”, donde forma pareja destacada con Juan el Evangelista, hermano de Santiago el Mayor.

4. Diremos, por último, que a finales del siglo XIX vuelve a asociarse a Susana con San Juan en la capilla catedralicia dedicada a este desde el siglo XII, sita en la “cabecera”, entre las de San Bartolomé y de Ntra. Sra. la Blanca. Curiosamente la imagen de Susana, realizada en 1902 por el escultor Mariñas, en madera policromada, es la que preside el altar, circunstancia por la cual hoy, a esa capilla, se la conoce más por su advocación secundaria a Santa Susana que por la primaria a San Juan Evangelista.

La Santa luce los atributos de los mártires: “corona de laurel”; “palma en la mano derecha” y “espada” en la mano izquierda, que representa el instrumento de su decapitación.

En estos momentos la referida imagen no está expuesta al culto, para que no sufra deterioro con motivo de las obras realizadas en la Catedral.

18 abr 2021 / 01:00
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