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Apenas unos días antes de cerrarse la Puerta Santa en 1937 llegó el permiso de Roma para prolongar el jubileo // El arzobispo animó a peregrinar a quienes “vayáis quedando libres del cautiverio y las hordas comunistas” TEXTO Arturo Reboyras

Una excepción histórica que solo se produjo en la Guerra Civil

Santiago acaba de iniciar el segundo bienio jacobeo de la historia. Es una concesión tan excepcional como la pandemia que asola el mundo. Las circunstancias actuales justifican sobradamente la decisión adoptada por el papa Francisco, después de habérselo pedido el arzobispo compostelano, monseñor Barrio, puesto que alcanzar la meta del Camino es una misión prácticamente imposible en estos momentos para la inmensa mayoría de quienes desean peregrinar y ganar las indulgencias del jubileo. A esto se suma la dramática situación que están viviendo numerosas familias a causa de la crisis sanitaria, económica y social.

Pero, como recordaba EL CORREO en un reportaje el pasado 19 de abril, existe un precedente. Se trata del bieno Santo 1937-1938, como señalaban durante el confinamiento los historiadores especializados en el Camino Manuel Garrido y Manuel F. Rodríguez. Pero, ¿qué lo motivo? En su libro Los Años Santos compostelanos del siglo XX.Crónica de un renacimiento, Manuel F. Rodríguez recoge que “la prórroga del Año Santo durante todo 1938 fue concedida por el papa Pío XI a petición del prelado compostelano Tomás Muniz de Pablos en medio de la Guerra Civil española. Una cuestión que en el contexto del conflicto bélico“apenas fue destacada por los medios de la época, pero que, sin embargo, tenía una significación notable”.

EN EL ÚLTIMO MOMENTO. Explica el historiador que ”era la primera vez que se prorrogaba un Año Santo” y que la concesión llegó confirmada por el Vaticano el 18 de diciembre del año 1937, unos días antes del cierre de la Puerta Santa, que finalmente se mantuvo abierta durante el ejercicio siguiente. La premura de monseñor Barrio y las previsiones de afluencia han conseguido que esta vez se conozca la prolongación ya al inicio del periodo jubilar.

“En la iniciativa de 1937, el arzobispo compostelano contó con el apoyo explícito de la Iglesia española. Muniz de Pablos justificó este hecho excepcional por la posibilidad de que pudiesen ganar el jubileo todas aquellas personas que no habían podido hacerlo en 1937 debido a los problemas derivados de la Guerra Civil”, revela en su trabajo Manuel F. Rodríguez, antes de referirse al último Boletín Oficial del Arzobispado de aquel año jubilar, en el cual el titular de la Mitra ruega: “A Compostela, sobre todo los que en este nuevo año de gracia de 1938 vayáis quedando libres del cautiverio y del horror de las hordas comunistas (sic)”.

MENOS PEREGRINOS. Apunta el historiador que existen trabajos periodísticos de la época en los cuales se recoge que “1937 se cerró con 133.043 peregrinos”” llegados a la tumba del Apóstol. Así, detalla que “en 1938 son más numerosas que el año anterior las peregrinaciones que consiguen amplios titulares e informaciones, pese a que logran una menor concurrencia”. Fue entonces “la peregrinación de Franco, el 5 de diciembre, el gran acontecimiento de 1938. Las numerosas páginas completas que le dedica la prensa, las fotos en vivo que por este motivo publican por primera vez los medios en relación con un acto jubilar y, en definitiva, los elogios extremos que recibe el militar ferrolano por estos días superan todo lo observado hasta ese momento”.

Pero a pesar del eco informativo, las cifras hechas públicas en la época se quedaron muy lejos de las del propio Año Santo. “Se señala que 1938 congregó en Compostela a unos 8.000 peregrinos, y fue, con mucha diferencia, la menor de los quince jubileos del siglo XX, pese que en este resultado influyó de forma evidente la no celebración de las peregrinaciones arciprestales, tradicionalmente muy concurridas”.

una SEGUNDA PRÓRROGA no llegó a consumarse. Relata F. Rodríguez que “con este sencillo balance y el acto selemne de cierre de la Puerta Santa concluía el más largo tiempo jubilar compostelano conocido, junto con el del periodo 1885-1886. Sin embargo, antes de esta conclusión, algunas voces más o menos influyentes aún reclamaron una segunda prórroga para 1939, justificándola con que la Guerra tocaba su fin. Al final -todo apunta que con buen criterio- no ocurrió. Eso sí, como mal menor consiguió el arzobispo Muniz de Pablos que el papa Pío XII estableciese, ya en el mes de abril de 1939, la posibilidad de obtener indulgencias plenarias en la Catedral hasta finales de ese año”.

03 ene 2021 / 01:00
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