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Ya en marcha en Santiago la que será primera vivienda colaborativa de Galicia

El grupo promotor Alvariza está trabajando en este modelo de gestión inmobiliaria // Las personas vivirán en comunidad y compartirán espacios y servicios básicos // Quiere ser intergeneracional

Muy popular en Estados Unidos y en los países nórdicos, el cohousing o vivienda colaborativa ha llegado a Compostela de la mano de Alvarizas, un grupo promotor que está trabajando para poner en marcha este modelo de gestión inmobiliaria antiespeculativa en el que las personas viven en comunidad y comparten espacios y servicios básicos.

La idea surge “del sueño de cinco amigas que poco a poco fue creciendo con la incorporación de otras 18 personas más con las que compartíamos la misma visión”, explican sus fundadores, que han logrado materializar su proyecto en Alvariza. Colaborativas Compostela, un grupo promotor “diverso en cuanto a edades, procedencias e ideas”, que buscan “la pluralidad y la colaboración con cuantas organizaciones públicas o privadas puedan estar alineadas con nuestros intereses y principios”.

Señalan que “como asociación nacemos oficialmente en el verano del 2020, así que en la práctica empezamos a dialogar para conseguir unificar los 23 sueños en uno compartido salvando el obstáculo que significó la pandemia a base de interés, esfuerzo e Internet”.

De ese proceso surge precisamente el documento que recoge su Visión, Misión y Objetivos, del que dicen haber sido consensuado por todos “con un grado de acuerdo que hasta a nosotros nos sorprendió”.

“Una vez comprobado que todos y todas teníamos los mismos objetivos como colectivo nos hemos dotado de una organización ágil que se resume en 5 áreas de trabajo: Comunicación, Convivencia, Financiación, Asentamiento e infraestructuras, y Formación, y un consejo rector al que llamamos Xunta de Coordinación”, señalando que en la actualidad están en fase de constituirse como cooperativa y “ampliar nuestro equipo de profesionales más allá de Cohousing Galicia, de interlocución con las administraciones buscando una colaboración que permita que este tipo de comunidades que desde hace décadas se han reconocido como de alto valor social en otros países tanto de Europa como de América”.

“También”, añaden, “de tejer redes con otras iniciativas y organizaciones con las que compartimos intereses, ya sea parcial o totalmente, partiendo siempre de aquello en lo que podemos coincidir”.

30 UNIDADES. Desde la cooperativa explican que en este momento son solo 17 unidades de convivencia y su objetivo es “llegar a entre 30 y 35 antes de comenzar la construcción”, que sería de forma intergeneracional. “Es decir, de manera que nos permita crear una red, compensada en edades, de cuidado mutuo y a través de la cual se facilite la conciliación o necesidad de hogar propio de los más jóvenes y la de compañía y puesta en valor de la experiencia los mayores”.

El hecho de que sea intergeneracional surge de “la puesta en común de necesidades, y del deseo profundo de encontrarnos y de enriquecernos mutuamente”, comentando que “en esta sociedad en la que los lazos familiares se han ido debilitando, los mayores han perdido su papel como transmisores de valores y experiencia para las siguientes generaciones, de las que recibían reconocimiento, estímulos y compañía, mientras que los jóvenes han perdido una red de apoyo familiar para afrontar pequeños problemas, como la conciliación o una enfermedad leve”.

Insisten en que “la convivencia intergeneracional fomenta los valores de respeto y refleja el mundo tal y como es, permitiendo un intercambio de saberes y quereres”, y afirman que “la acogida no pudo ser mejor”.

Con respecto a su modelo de vivienda colaborativa inciden en que “se alimenta del concepto de cesión de uso según el cual los cooperativistas son dueños del derecho de uso, tanto de sus viviendas privadas como de los espacios y servicios comunes, siendo la propiedad de lo edificado de la totalidad de la cooperativa”. Ello supone a su juicio “importantes ventajas económicas a la hora de crear un hogar” y “protección frente al encarecimiento del mercado de la vivienda, especialmente en ciudades de alto valor turístico como es el caso de Santiago”.

Añaden además, que “el centro de gravedad de nuestra comunidad es la convivencia, favorecida por un estilo de organización ágil, participativo y abierto al entorno para garantizarnos la calidad de vida que merecemos”.

“Para definir este concepto de calidad de vida”, añaden, “tenemos que mencionar otros que inevitablemente van parejos como son bien común, inclusión, sostenibilidad y sobre todo, cuidado personal y mutuo”.

CONTACTO. Las personas interesadas pueden ponerse en contacto con el grupo a través de www.alvarizacolab.gal o en alvarizacolab@gmail.com. “Una vez recibido el contacto mantenemos un encuentro para conocernos en persona, y a partir de ahí los integramos e incorporamos a algún grupo de trabajo. Los nuevos socios tienen un período de participación con voz pero sin voto que finaliza con la plena inclusión en Alvariza. Colaborativas Compostela.

“No tienen nada que ver; lo más cercano sería quizás una urbanización en la que se hubiera hecho una reflexión sobre qué queremos compartir para cubrir nuestras necesidades de forma colectiva, ya sean servicios, instalaciones o necesidades de ámbito psico-social como puede ser la compañía o la ayuda para la conciliación”.

“Resumiendo”, dicen, “la principal ventaja de este tipo de comunidades es lo que nosotros llamamos cuidado mutuo, inspirados en parte en el libro de Carolina del Olmo ¿Dónde está mi tribu?. Un cuidado que desde el respeto busca, no solo que conozcamos a nuestros vecinos, sino fomentar la convivencia y recuperar el valor del espacio compartido y la comunicación interpersonal en este mundo de no cosas”. a.i.s.

El modelo fomenta el cuidado mutuo y convivencia
Busca recuperar el valor del espacio compartido y la relación interpersonal

Santiago. En cuanto a las ventajas y diferencias con respecto a un alquiler de vivienda compartida, desde Alvariza comentan que en “el cohousing no se comparte vivienda sino comunidad. Es decir, cada unidad de convivencia dispone de su espacio de uso privado, que en este caso serán pisos de una o dos habitaciones, o incluso tres para familias, y comparte espacios comunes como salón comedor, sala de juegos, huerta, garaje, lavandería, tendal, cocina, biblioteca y sala de usos múltiples”.

13 feb 2022 / 01:00
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