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Alfonso Sucasas, los vínculos y las raíces

    el museo ramón maría aller de Lalín muestra a partir de esta primavera una exposición dedicada a Alfonso Sucasas (Goiás, Lalín. 1940-Ferreirós, Vila de Cruces, 2012), agrupada bajo el titulo de Sucasas, a figura e a súa contorna, en la que se integran una selección de 60 obras, un extenso conjunto de óleos y dibujos que explican brevemente su trayecto desde los inicios, que se remontan a los años 1957-1958, pasando por las siguientes etapas y décadas e incluyendo una de las creaciones fechadas en los primeros años del presente siglo, un Autorretrato (2004), en el que Sucasas invirtió más de dos años y que mantuvo celosamente guardado durante un tiempo.

    En todo momento, su obra ha tenido como motivo principal la consideración hacia la figura humana y la recreación de una buena parte de la misma dentro del contexto geográfico relacionado con sus orígenes, la comarca del Deza, de acentuada personalidad en su cultura, paisaje e historia, y que para el artista ha sido motivo inspirador. Ese rasgo fundamental de su obra se pone de relieve en esta ocasión.

    Alfonso Sucasas tuvo una amplía formación que completó por medio de las experiencias vividas en otros países, en Venezuela y principalmente en Brasil, en donde permaneció una larga temporada que alcanzó más de seis años que transcurrieron en la ciudad de São Paulo. En ese tiempo frecuentó los círculos artísticos de vanguardia, conoció directamente la obra de Portinari, Di Cavalcanti y Társila do Amaral, alternó la pintura con la escenografía y el dibujo publicitario, se interesó por el muralismo, por el carácter social del arte.

    Cuando decide regresar a Galicia, en 1968, ya tiene trazadas sus intenciones y su obra revela como el ser humano ha de ser el principal objeto de su interés; una preocupación constante y una motivación que le acompañará a lo largo del tiempo, quedando asimismo registrada por medio de reiteradas declaraciones: “El ser humano es lo que merece la pena pintar”.

    En ese elemento simbólico, que obedece a una realidad conocida que puede parecer melancólica, veremos sutilmente expuestos otros matices de su personalidad, tímida, irónica: “¿Desesperanza? Mi mundo es así, tan burlón, tan divertido. ¿Qué puede resultar trágica la representación? Para mí no quiere decir que sea triste o alegre, simplemente así es la vida que está a mi alrededor”. Y ese grado de identificación con su gente será uno de los mayores e inspiradores motivos que se verán en su obra, que a la vez alcanza desde el sentimiento particular lo universal e intemporal.

    La pintura de Sucasas tiene un lenguaje definido: color y dibujo claramente reconocibles desde los años setenta. Esa coherencia en los planteamientos se comprueba al visualizar conjuntamente esa secuencia de obras, que demuestran la insistencia en la figura humana, en primer plano, integrada y a veces fundida con el paisaje que la rodea que se inscribe, en una buena parte, en los valles y bosques de la zona.

    En algunas de esas obras, el artista identifica con los títulos esa pertenencia: Veciños de Xaxán, Mirando ao Candán, Paisanos da Gouxa, Carballeiras da Barcia e das Casianas, Fraga de Catasós. Otra vertiente propia en lo temático es la creación de escenas interiores con figuras, aisladas o en grupos, conversando o jugando a las cartas. Habituales costumbres y momentos de ocio y diversión que se desarrollan en tabernas, bares o antiguos ultramarinos, que tienen a la vez nombre y realidad: Timba no Aurelia, As amigas do Lamela; o las que aluden a oficios: O capador de Goiás; a personajes reales con sus apodos que inspiraron al autor: Xan de Forcados o Manuel das Fontes. Otras materias como mitologías y leyendas hacen acto de presencia en su obra, en esa línea se encuentran las pinturas La expulsión del Paraíso y Las bañistas de la Lanzada.

    En el itinerario de obras y su relación con el Deza las uniones se estrechan y se concentran en el recuerdo de situaciones reales, seguramente vividas en la infancia y primera juventud, que definen la vida de la aldea natal de Goiás, con sus alegrías y tristezas, marcadas por una atmósfera de veracidad conmovedora: Maternidad, Políptico dos vecinos, Escapando da aldea, O bico do Andrés. Entre los escasos retratos que el artista realizó sobresale el dedicado a su amigo José Benito Alvarellos, de Lalín, cuya figura de perfil, aunque reconocible, se inserta claramente en el mundo de Sucasas, sumándose a los vínculos y las raíces.

    05 abr 2021 / 00:01
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