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ENTREVISTA
Ignacio Castro Rey // Escritor

“El deseo de este libro es quemar”

El libro está prácticamente en pañales y ya es lectura de referencia en su género. Se trata de la décimo sexta obra de Ignacio Castro Rey, y en su documento de identidad reza el título “En Espera. Sobre la hipótesis de una violencia perfecta”. El autor, a caballo entre Compostela y O Pino, firma una obra que no deja indiferente al lector, obligándole a hacer frente a comportamientos (inconscientes o no) que todos repetimos en nuestro día a día.

¿Qué finalidad tiene esta obra?

El subtítulo del libro es “Sobre la hipótesis de una violencia perfecta”. De manera que En espera busca señalar, muy lejos de nuestra habitual caza de males oficiales (los conservadores, el machismo, los toros, la contaminación y la homofobia) un tipo de mal alternativo que tiene que ver con la velocidad y las sonrisas, con la participación y la corrección política. El calentamiento del espectáculo global es solo la cara externa de un enfriamiento personal pavoroso, que tiene pocos precedentes. En espera denuncia el papel de la cultura progresista a la hora de aportar sangre fresca a un orden social inmisericorde, que amenaza con convertirnos a todos en inválidos en la vida real, aunque muy equipados para las ilusiones virtuales.

La obra fue escrita en plena pandemia, ¿de dónde nació su germen?

De la indignación, de la violencia climatizada que uno siente que se ejerce día a día sobre nosotros. Las democracias actuales se han acabado convirtiendo en un régimen de maltrato que mima nuestro narcisismo para convertirnos en paralíticos interdependientes, socialmente obedientes. Mi libro es una llamada de atención ante un nuevo tipo de feudalismo democrático y global que nos hace estar mirando hacia las pantallas, donde siempre aparecen los expertos que nos salvan y otros, las víctimas y los malvados a los que les va mucho peor que a nosotros. Colocando siempre el mal fuera, la información tiene una función de blanqueo de las almas. Yo intento que el lector se sienta inquieto, culpable de haber colaborado con una estafa gigantesca. Nuestra fascinación por “América” es parte de esa estafa. Me rebelo contra un orden social que se pasa el día satanizando todas las salidas naturales del individuo (las intuiciones corporales, el alcohol, el tabaco, el amor, las relaciones, las culturas exteriores...), mientras se defiende un nuevo tipo de ensimismamiento en las conexiones que nos hace día a día más autistas.

Lo cierto es que, una vez se cierra la contraportada de la obra, tras su detenida lectura, el libro nos pone de manifiesto lo que decías, comportamientos que tenemos muy interiorizados pero que en el fondo nos van aislando cada vez más. ¿Cuánto hay aquí de tu realidad?

Yo mismo, como todos nosotros, me he convertido en un esclavo del espectáculo global, donde siempre aparecen unos pocos ídolos que son envidiables por su éxito rutilante, una gran masa de víctimas que habría que redimir, y unos pocos malvados oficiales que habría que ayudar a detener. Toda esta campaña de salvamento civil e informativo es una gran mentira. Bajo ella, estamos cada día más solos en un mundo que solo atiende a la circulación incesante de consignas, de miedos inyectados y de protocolos de salvación en tarifa plana. Ocurre un poco como en nuestro sistema médico: cada vez que tienes un serio problema real, compruebas que los ordenadores sirven de muy poco y que apenas encuentras una sola persona que te atienda, cara a cara.

¿Se podría definir como un libro para inconformistas?

Yo creo que es un libro para cualquiera, no solo para la gente que está harta y se siente morir a cámara lenta. Creo que este libro vale también para las personas que están más o menos cómodas en el sistema, pero que por curiosidad o empatía con el sufrimiento ajeno buscan otras perspectivas, distintas a las que salen día a día en los informativos. Creo que En espera aporta un caudal de información anómala sobre nuestra crueldad social, una hilera de verdades que normalmente se mantienen ocultas.

Por curiosidad, ¿qué sensación tenías al ponerle el punto final?

De alivio, al sentir un peso que te quitas de encima. Uno escribe para liberarse de obsesiones, de fantasmas que le acosan. Aparte de este efecto de liberación personal, espero haber logrado describir con detalle medianamente objetivo un peligro nuevo que se cierne sobre nosotros, un tipo de poder que funciona más con la seducción que con la represión. En suma, más con el endeudamiento mental que con el encierro físico. Todos nosotros estamos en peligro: por auto-explotación y agotamiento, por interdependencia y mansedumbre voluntaria. Buena parte de las catástrofes que se dice nos amenazan por fuera son una auténtica cortina de humo para que no se vea el lento arrasamiento que ocurre por dentro, en unas interioridades cada día más mudas. Espero darle armas al lector para enfrentarse a una autoridad horizontal que es mucho más sibilina que los viejos poderes represivos de antaño.

Esta es tu percepción una vez terminado. ¿Qué crees que sentirá un lector cualquiera tras terminar la obra?

Creo que tendrá la sensación de que sabemos muy poco de lo que nos rodea y de que hemos sido profundamente engañados. Pero engañados por unos amos que nosotros hemos ayudado a mantener en el escenario. Buena parte de nuestros tópicos progresistas ha contribuido a encerrarnos en una jaula de cristal, en una violencia que funciona a cámara lenta. Es aproximadamente lo que cuenta aquella vieja historia. Si echas una rana al agua hirviendo posiblemente se librará de un salto, aunque salga ligeramente escaldada. Si la cueces lentamente, muere mientras cree que es feliz en un paraíso climatizado. El deseo de este libro es quemar, despertarnos con una advertencia sobre las facilidades “uterinas” que nos envenenan lentamente.

Haces numerosas referencias a muchos autores de diversas tendencias que –entiendo-han influido en ti, compartiendo parte de sus ideas/reflexiones. ¿Alguno de ellos ha sido más significativo?

Mi libro tiene buena relación con cientos de humanistas, de escritores y pensadoras que han dado la voz de alarma desde hace casi un siglo. En espera se encabeza con dos citas para mi gusto impresionantes de Badiou y Baudrillard, dos autores que no suelen aparecer juntos. Pero después intenta hermanar, en la crítica de nuestra “violencia correcta”, a nombres tan distintos como Simone Weil y María Zambrano, Nietzsche y Kierkegaard, Peter Handke y Clarice Lispector. También Heidegger y Foucault, Arendt, Agamben y Han. Todos los nombres son pocos. Creo hay que hay en esas páginas una buena guía de ideas que nos ayudarían a sentir y pensar de otro modo, a vivir de otro modo. Aunque tal vez los nombres públicos son poco para las amenazas sonrientes que se ciernen por dentro. Habría que resucitar en nosotros otra relación con el dios de las entrañas. No sé si estoy pidiendo demasiado.

14 oct 2021 / 01:00
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