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El homenaje de Acisclo Manzano a la enfermera Isabel Zendal

    en estos tiempos de incertidumbre y a la espera de soluciones contra el covid-19, ha vuelto a la actualidad el extraordinario acontecimiento humanitario que impulsó a principios del año 1800 el médico militar alicantino Francisco Xavier Balmis, cuya misión sería llevar la vacuna contra la viruela a los países hispanos de ultramar, arriesgada iniciativa, auspiciada por el rey Carlos IV, en unos tiempos en los que la terrible enfermedad azotaba sin piedad a la población infantil. Aquella hazaña ha dado nombre a la Operación Balmis, dispostivo impulsado por el Ministerio de Defensa, en el pasado mes de marzo, para hacer frente al estado de alarma en la lucha contra la propagación del coronavirus.

    Pero, retrocediendo más de doscientos años, y para la consecución de aquel objetivo heroico, fue indispensable el papel desempeñado por la enfermera gallega Isabel Zendal Gómez, nacida en 1773 en Santa Mariña de Parada, parroquia del concello de Ordes y rectora en 1803 de la Casa de Expositos de A Coruña, sobre cuyos orígenes y biografía ha investigado el periodista Antonio López Mariño (Isabel Zendal Gómez nos arquivos de Galicia, Parlamento de Galicia, 2018).

    Isabel Zendal, una mujer de excepcionales condiciones humanas, aceptó con todas las consecuencias la compleja propuesta: se trataba de viajar como enfermera cuidando, con absoluta dedicación, a los 22 niños, entre ellos su hijo de corta edad, y en su mayoría huérfanos, de entre tres y nueve años, portadores, en sus propios brazos, de la recién descubierta vacuna; ella velaría para que llegasen en las mejores condiciones al destino trazado. Por su decisión y cualidades, se convirtió en parte indispensable de aquella aventura, que se inicia en noviembre de 1803, cuando el reducido grupo, en el que se incluían médicos y enfermeros y con Isabel Zendal como única mujer, sale del puerto de A Coruña, a bordo de la corberta María Pita. Después de dos breves paradas en Canarias y San Juan de Puerto, en los siguientes meses arriban a Colombia, México, Ecuador, Perú y al continente asiático: China e Islas Filipinas.

    En todos esos países se iría distribuyendo la vacuna e inmunizando a la población. Actualmente, la gloriosa precursora ha sido considerada por la OMS como la primera enfermera en misión internacional, y en su honor se le dedica en México un premio que lleva su nombre.

    El interés por aquella gesta ha dado lugar a obras literarias, e incluso una miniserie que emitió TVE en 2016, titulada 22 ángeles. Y los escritores, Almudena de Arteaga (Los ángeles custodios, 2010) y Javier Moro (A flor de piel, 2015 ), tomaron esa asombrosa página como argumento para sus creaciones. Aún así, quizás, se eche en falta un mayor reconocimiento a esta mujer adelantada y pionera que se sitúa, con todo merecimiento, en la lista de grandes personalidades femeninas que han dado gloria a la historia de Galicia.

    Tuve conocimiento de la existencia de esa epopeya fascinante y conmovedora a través de Acisclo Manzano, cuando alrededor del año 2002, me hizo partícipe de un proyecto cuya iniciativa estuvo a cargo de la Autoridad Portuaria de A Coruña y de una compañía farmacéutica, y que tendría como motivo la realización de una escultura pública que recordase aquella odisea, justo cuando se cumplía el Bicentenario de la Real Expedición de la Vacuna a América.

    El artista ideó un conjunto escultórico, que se inauguró en noviembre de 2003, inspirado en Isabel Zendal, acogiendo maternalmente a dos niños que surgen directamente de su figura y conforman un único volumen.

    Realizada en piedra, la obra mantiene la personalidad del escultor, así como la ligereza proverbial que encontramos en sus realizaciones; el deseo de adecuarse, sin ningún tipo de imposición, al espacio elegido, cercano al mar, la sencillez de la composición y la levedad que se aprecia en los volúmenes, a pesar de la dureza del material, otorgan a esa pieza la emocionante humildad, propia de los grandes personajes. Esas condiciones estilísticas del creador ourensano transmiten con pocos elementos la emotividad que esa historia de solidaridad y altruismo provoca. Y aunque en principio la escultura estaba destinada y pensada para una concreta ubicación en el Paseo del Parrote de A Coruña, luego sería desplazada a otro lugar cercano, próximo al Castillo de San Antón, donde actualmente se encuentra.

    16 ago 2020 / 00:15
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