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rebeca pardo Doctora en Bellas Artes, fotógrafa, investigadora y profesora

“El problema es que seguimos considerando que la fotografía es la verdad, la realidad, y no lo es”

Rebeca Pardo Doctora en Bellas Artes, fotógrafa, investigadora y profesora // Una imagen, explica la profesora de la Facultad de Comunicación en la UIC, “es una representación concreta del mundo captada en un momento determinado con un punto de vista, por una persona que toma decisiones según su cultura y sus ideas, y con un equipo (cámara, lentes...) que condiciona”. Recientemente ha editado, junto a Montse Morcate, el libro ‘La imagen desvelada: prácticas fotográficas en la enfermedad, la muerte y el duelo’, publicado por Sans Soleil. Recibió el Premio Ángel Herrera a la excelencia en la docencia de posgrado.

Rebeca, existen imágenes de familias el primer día de salida a la calle (26 de abril), en donde parece que no mantienen la distancia con el resto. ¿Es cierto que hay fotografías que ‘ocultan’ la realidad y que no estaban tan juntos como parecía?

Yo no diría que las fotografías ocultan la realidad, sino que dependiendo de las decisiones que tomes con respecto al ángulo, la posición, el tipo de óptica que se utilice... la imagen que vas a obtener será muy diferente y, como espectador, si no tienes la información necesaria para contextualizarla, podrás malinterpretarla. El problema es que seguimos considerando que la fotografía es la verdad, la realidad, y no lo es. Una fotografía es una representación concreta del mundo captada en un momento determinado con un punto de vista, por una persona que toma decisiones según su cultura y sus ideas, y con un equipo (cámara, lentes...) que condiciona.

Por ejemplo: si el día que salieron los niños se hubieran hecho fotografías desde el aire (cenitales), tendríamos la cantidad de personas que había y su situación, pero no sus rostros ni otros detalles. Si la fotografía se hace de frente, solo se verá bien a la primera persona y las que estén detrás se verán parcialmente y parecerán más cercanas. También influye lo cerca que esté el fotógrafo del primer objeto que fotografía, por ejemplo. Y un elemento esencial es el tipo de lente, su distancia focal. Si hago la foto a las mismas personas con un teleobjetivo, se alterará mucho la percepción de las distancias: la primera persona parecerá que está mucho más cerca de mí porque este tipo de lentes trabaja con un ángulo de visión mucho más cerrado que el de nuestros ojos y nos dará también la sensación de que se reduce la distancia entre las personas. Con frecuencia, en lenguaje coloquial, he oído hablar de que parece que la persona retratada con zoom se “aplasta” con el fondo o que la perspectiva se “aplana”: lo mismo sucederá con quien esté detrás, una sensación de aplastamiento o aplanamiento visual...

En cualquier caso, ninguna de estas imágenes ocultaría la realidad per se (otra cuestión es si ha existido intencionalidad de ocultar información por parte del autor de las imágenes): todas son captaciones válidas que muestran información diferente del mismo hecho y si yo hubiera hecho un reportaje en la calle ese día, seguramente tendría varias fotografías con cada una de esas lentes, ángulos... y todas juntas darían muchísima información. El problema es que quizás una sola imagen no es capaz de reproducir la realidad en todas sus dimensiones. Lo que no sé es si los fotógrafos intencionadamente hicieron esas fotografías para generar una reacción concreta, si esas fotografías estaban dentro de una carpeta con otras imágenes y otra persona eligió esas en concreto...

¿Por qué se hace esto, Rebeca?

Es complicado meterse en la cabeza de otros, pero los motivos para hacer una u otra imagen son múltiples, también para seleccionar una imagen entre otras muchas. Todos sabemos que unas imágenes venden más que otras, que lo alarmante va a ser más noticia y va a tener más repercusión que lo positivo, también puede haber intereses políticos detrás... Por tanto, puede haber una intención de ganar visibilidad, de captar la atención, de manipular la opinión pública..., pero también hay cuestiones que tienen que ver con la profesionalidad del fotógrafo, porque creo que la precarización del oficio en los últimos años ha llevado a un intrusismo importante y a que algunos grandes hayan tenido que dar un giro a su vida profesional porque no aceptaban trabajar en determinadas condiciones.

Hoy parece que cualquiera con un smartphone y una cuenta en Instagram es un fotógrafo profesional y no es así. Estos días veo con alarma a vecinos anónimos que desde sus balcones se toman la justicia por su mano y toman imágenes que comparten sin respetar los derechos a la propia imagen, al honor... del resto.

Con el tema de los niños, ha sido aún más preocupante porque los derechos que se vulneran son las de los menores. Y después, estos contenidos compartidos en redes o por aplicaciones sin nombre de fotógrafo (lo que supongo que da cierta sensación de impunidad a quienes perpetran estas instantáneas) a veces terminan en los medios. Creo que no todo vale en el ámbito de la imagen y que la espectacularización constante de todo para conseguir un “me gusta” o un seguidor más a costa de lo que sea, es un problema grave de nuestra sociedad.

Esto crea más alarma y preocupación, ¡lo que nos faltaba!

Efectivamente, no creo que contribuyan en nada a la tranquilidad o a la convivencia. Hay imágenes necesarias, aunque puedan provocarnos intranquilidad, pero no entiendo a quienes aprovechan estos días para generar más alarma de la que ya tenemos. Mucho menos si lo hacen retorciendo la realidad y tratando de manipularnos con sus imágenes.

Decía que “muchas fotografías no están respetando el derecho al honor y a la intimidad”?

De los profesionales de la comunicación, no tengo nada que decir porque están trabajando para informar y tienen el derecho a hacerlo. Sobre los vecinos, no fotógrafos de prensa, que estos días se están tomando la justicia por su mano en forma de imágenes que comparten en redes sociales o que difunden por aplicaciones como WhatsApp para reírse o para denunciar a otros sin solicitar permisos y sin anonimizar si quiera el rostro de los menores, sí, considero que no actúan correctamente y que no están respetando derechos básicos como el de la propia imagen o el del honor. Si la fotografía está hecha, además, desde el exterior pero capta el interior de una vivienda, entonces, efectivamente, tampoco estamos respetando el derecho a la intimidad del otro.

Yo creo que desde hace mucho tiempo no se pide permiso para muchas cosas... ¿no vale el consentimiento verbal?

Un fotoperiodista no necesita, en ciertas circunstancias, ningún permiso para hacernos una fotografía y publicarla si está cubierto por el derecho a informar sobre un tema. El resto de los mortales nos hemos acostumbrado a hacer fotos de todo y colgarlas en redes, pero no estamos cubiertos por ese derecho a la información a la hora de hacer fotos y si te denuncian porque una de esas imágenes ha hecho, por ejemplo, que despidan a alguien del trabajo, has de demostrar que tenías esos derechos cedidos. Si no los tienes por escrito, no soy abogada, pero creo que tienes un problema muy serio. Otra cuestión es si nos merece la pena económica y anímicamente poner una denuncia cada vez que alguien vulnera nuestros derechos con una imagen.

Durante un tiempo fui fotógrafa y editora en un periódico de otro país y nos encontramos con situaciones muy límite en este ámbito porque es complejo en ciertas situaciones. Recuerdo especialmente una fotografía (que hizo un compañero de trabajo) de un parque con varias parejas en bancos. Fue publicada en un suplemento de San Valentín y contactó con nosotros la esposa del señor que estaba en uno de los bancos... con otra mujer. En otro momento recuerdo que la imagen de una persona, un fotograma de un videoarte realizado en el ámbito artístico y pensado para estar expuesto en galerías de arte, terminó en una web muy subida de tono que cambiaba por completo el significado de aquella imagen. Ella había cedido los derechos para el ámbito artístico, pero no para aquello que, obviamente, vulneraba sus derechos. Consiguió que la retiraran sin necesidad de ir a juicio. Por tanto, no solo se han de firmar derechos de cesión de imagen, sino que se ha de tener cuidado con la letra pequeña y tratar de cuidar qué estamos cediendo.

Yo creo que con frecuencia el sentido común puede ayudarnos a no meter a nadie en problemas. No hagamos fotográficamente a los demás lo que no nos gustaría que nos hicieran a nosotros y a nuestros seres queridos. No pensamos en las consecuencias que pueden tener en la vida de los demás las fotografías que hacemos o difundimos, pero, a veces, pueden ser muy duras.

La ‘policía de balcón’ lo que debería hacer es denunciar ante la autoridad competente.

Efectivamente, veo con estupor y alarma toda esta vigilancia de ventana o balcón que está sacando lo peor de algunas personas, como ya he comentado. Las denuncias creo que han de hacerse por otras vías y han de ser tramitadas por profesionales que respeten los derechos de todos los implicados.

Estos días surgen vigilantes de la moral y la ética que se arrogan el derecho a controlar y juzgar a los vecinos. Solo pienso en aquel sabio consejo: quien esté libre de pecado que tire la primera piedra. Lo que está sucediendo no es nada nuevo, está estudiado profundamente en ámbitos como la sociología, la antropología o la psicología. La necesidad de una sociedad por sentirse limpia, correcta, hace que se busquen chivos expiatorios y que veamos, recurriendo al refranero popular, la paja en el ojo ajeno y no la viga en el propio. A esto le sumamos la crispación, el nerviosismo, los estados anímicos de llevar tanto tiempo encerrados..., y tenemos una combinación peligrosa que puede sacar lo peor de algunas personas que estos días hacen esas fotodenuncias o cuelgan también anónimos crueles y estigmatizantes en zonas comunitarias dirigidos a personas que están trabajando.

A muchos en este tiempo nos han mirado mal, sobre todo aquellos que no tienen perro ni niños...

Creo que no debemos caer en generalizaciones porque no son buenas. Yo no me he sentido así en ningún momento. Coincido en que los ánimos están alterados, todos vivimos circunstancias extrañas y es fácil herir sensibilidades y malinterpretar situaciones. Pero no demonicemos ni a los que tienen ni a los que no tienen perros ni niños, por favor. Lo más peligrosos es dividir la sociedad y polarizarla. No caigamos en eso.

¿Dónde está la ética del profesional? ¿Es justo hacer esto?

Creo que la mayor parte de los profesionales tienen ética y son íntegros trabajando y podemos confiar en ellos. Tampoco podemos juzgar a todo un gremio por media docena de imágenes. Eso sí, en momentos como este hay que recordar que muchos profesionales han perdido su trabajo o se han visto muy precarizados en los últimos años porque existe la creencia de que cualquiera con una cámara puede ejercer. La formación, la profesionalidad y la experiencia en el oficio son especialmente importantes en situaciones delicadas.

¿Cuál sería su recomendación?

¿En general? Por un lado, recomendaría contratar fotógrafos profesionales íntegros y, por otro, que una sociedad tan visual como la nuestra tuviera más conocimientos de fotografía, de cultura visual, de semiótica de la imagen. Deberíamos ser capaces todos de comprender ciertas cosas básicas de técnica y lenguaje visual porque si no, vivimos entre imágenes y estamos en las manos de quien quiera manipularnos con ellas. Deberíamos formarnos en esta área como lo hacemos en lengua o literatura porque usamos tanto la imagen como las palabras y deberíamos saber lo que hacemos cuando tomamos una foto, deberíamos ser conscientes de sus significados y consecuencias. Pero esto pasa por darle un papel más importante en la educación y en la cultura.

Como profesora de universidad, ¿qué les dice a sus alumnos sobre esto? ¿Han tenido oportunidad de comentarlo a través de videollamada o correo electrónico?

Llevo más de diez años dando clases de fotografía y habitualmente solicito a mis estudiantes hacer un dosier de prácticas en el que hay precisamente un ejercicio sobre distancias focales encaminado a que experimenten con las diferencias en la perspectiva, las distancias, el ángulo de visión... y observo muchas caras de sorpresa cuando ven los resultados del ejercicio. La experiencia me dice que no somos conscientes de la importancia que tienen los aspectos técnicos de la fotografía en el resultado final.

Durante algunos años impartí un seminario de posgrado sobre edición y manipulación de imágenes en el que mostraba muchos ejemplos y analizábamos los límites de lo que se considera edición o manipulación según los ámbitos, porque no es lo mismo el fotoperiodismo que la publicidad o la fotografía artística. Los estudiantes se sorprendían mucho tanto al conocer algunos aspectos concretos del marco ético-deontológico-legal como por ver algunas de las imágenes, tengamos en cuenta que hay manipulaciones o supuestas manipulaciones fascinantes desde casi los inicios de la fotografía.

Estas fotografías las hubiera comentado especialmente en ese curso y hubieran dado para un gran debate porque en casos como estos es muy interesante ver hasta dónde llega la manipulación, hasta qué punto una imagen puede no ser ética, pero es legal. Hay límites muy sutiles en fotografía que resultan apasionantes y que estamos debatiendo desde hace años. Ya en la guerra de Crimea hay unas imágenes (colodiones) que Roger Fenton tomó en 1855 sospechosas de manipulación porque hay quien afirma que se pudieron cambiar de sitio las balas de cañón en la carretera.

¿QUÉ OCURRE EN ESTAS FOTOS?

Básicamente, un cambio de ángulo, de punto de vista, y de lente. Para poder apreciar la distancia entre unas personas has de fotografiarlas como en la imagen inferior: poniéndote en perpendicular a la cola. Con respecto a la imagen superior, es una de las peores para valorar la distancia con un ángulo casi frontal que ofrece una apariencia más agrupada de las personas de la fila y, por otro lado, el tipo de lente (como ocurre con los teleobjetivos) cambia mucho la perspectiva y reduce también de manera importante la distancia entre las personas.

Son un ejemplo claro de que sin necesidad de un ‘software’ de edición digital, puedo manipular la realidad a través de imágenes que no tienen por qué estar retocadas.

04 may 2020 / 01:07
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