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Ellos subvencionan, nosotros pagamos

Consecuencia de la directa y honda relación entre idioma, política y sociedad es el hecho de que políticos, ideólogos, agitadores de masas, gentes de vivir incierto y hasta ciertos periodistas utilizan con harta frecuencia ese recurso léxico de la Semántica al que llamamos eufemismo y por el cual atemperamos o suavizamos algunos términos del idioma cuya excesiva dureza o desnudez de sentido los hace de uso incómodo, imprudente y hasta excesivamente violento y política y socialmente incorrectos. El disfemismo, como tendencia expresiva opuesta, es degradante y ofensivo. Reparemos en algunos ejemplos.

Durante el franquismo, los medios de prensa utilizaban el aséptico productor en lugar del politizado obrero. De guasa se decía palmar (como disfemismo burlón) en lugar de morir. Cura era más cotidiano y coloquial que sacerdote y doncella o empleada de hogar eran más dignos y considerados que chacha o criada. En las partes de la anatomía humana el pedestre culo cedía ante trasero o el jocoso pandero, y el divertido pelota (“Romerales, calvorota/ tienes lisa la pelota”, versificaba Forges) sustituía a cabeza. En fin, orinar era más fino que mear, el ataúd dejaba paso al burlón pijama de madera y la crudeza de borracho se dulcificaba con bebido, contento o el cursilón piripi. El degradante disfemismo ridiculizaba, denigraba,( así, enano por bajo, meapilas por devoto, etc). Muchos de estos ejemplos siguen hoy vigentes.

Sin abandonar esta oceánica zona de la lengua, tenemos el llamativo caso de subvención, palabra, esta, que deriva del latín subvenire y que Joan Corominas registra en el siglo XVIII con positivos significados en los dominios de la guerra, la jurisprudencia o la medicina. Término de dinámica explícita (venire), equivale a socorrer, auxiliar o ayudar y en tal sentido aparece en Julio César “Subvenire vitae alicujus”; esto es “auxiliar o socorrer la vida de alguno” y así lo registra el venerable diccionario de Don Raimundo de Miguel. Muy cercano está el término a otros como limosna o dádiva de ámbito más reducido, más individual y situados en la esfera de lo eclesiástico - religioso y aludía a la acción de dar gratuitamente una pequeña ayuda económica. Así, subvencionar equivalía a socorrer, donar, ayudar.

Hoy, subvención ha generalizado ampliamente su uso desde ámbitos político – gubernamentales y el término ha pasado a la esfera de lo público y estatal, desplazándose también a la órbita de la banca, las grandes empresas y entidades comerciales que, así, patrocinan iniciativas y proyectos de todo tipo, desligándose de la pátina de la caridad y misericordia cristianas y diversificándose por ayuntamientos, diputaciones, ministerios o direcciones generales. Adquiere así una función política de patrocinio clientelar y, al tiempo, se oficializa y burocratiza.

El éxito de la concesión estatal no es discutible y los límites de lo subvencionable tampoco. Hoy no existe ministerio que no posea chiringuitos subvencionadores con amplia dotación de personal y generosa aportación económica. Así, se subvenciona una compañía aérea venezolana sin aviones, una sociedad de amigos de la petanca o un círculo de socios protectores de la defensa y engorde de la bellota. Eso, sin contar con los miles de beneméritas sociedades animalistas (excluidos, toros, buitres, hienas y tiburones). Puestas así las cosas nos explicamos - ¡todos a pedir! – aquello de “te hizo la boca un fraile”, aunque tan respetable gremio era mucho más útil y digno: hicieron historia en el sector de la licorería de alta gama (entre otros) el memorable Benedictine, creación de los laboriosos hermanos benedictinos y otros como Frangelico o Chartreuse, de los cartujos. Los franceses se destacaron pronto en el sector, al que los gallegos nos hemos incorporado con éxito recientemente.

Hoy las sagradas órdenes se han sumado a la actividad hostelera, para la que cuentan con la ventaja de su impresionante patrimonio de abadías, conventos y monasterios en escenarios de serena placidez contemplativa, idóneos para reparar nuestra maltrecha salud mental y de la otra. Esto, aquí, es lo que se debería subvencionar. Estas visitas les sugiero. ¡Háganme caso!... y reserven con tiempo habitación y manutención. Quedan avisados.

15 abr 2022 / 01:00
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