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Entre oposiciones y enchufes (II)

Atribulado lector: perplejo, confuso debes estar ante el ritmo desenfrenado con el que se suceden hechos y noticias de tal forma que, en cuestión de horas, cuando los medios de comunicación los publicitan, ya son otros los que están de actualidad. Así, el acelerado paseíllo por el aeropuerto de París que dio nuestro presidente don Pedro, cual montero en pos de la corza blanca, ha sido completado hace bien poco por su gira norteamericana, calificada por unos de estelar, por otros de exhibición de poderío vanguardista en materia de feminismo y ecología (en eso estamos que las partimos) y, por los del colmillo retorcido, de paseo por algunas televisiones privadas de medio pelo para lucir sonrisa y palmito.

Pero hoy me toca, y con ello cumplo, rematar la cuestión que va de las oposiciones a los chanchullos y en la que nos debatimos desde finales del siglo XIX, aunque en ciertos sectores sea incluso anterior. En todo caso, en el ámbito de la sanidad estatal era bien conocida la compraventa de puestos fijos de auxiliares de enfermería, limpieza de hospitales, etc por un módico precio que oscilaba entre doscientas y doscientas cincuenta mil pesetillas del ala. Por los mismos tiempos ya bancos y cajas de ahorros convocaban oposiciones, accesibles con solo el Bachiller elemental. Mas estas entidades, que sentían vivamente cierta filantropía familiar, colaban de rondón a los vástagos de sus más acaudalados impositores. Incontables secretarías se ocuparon con tan discreto sistema.

Más reciente y ya en los dominios de la política, la fácil movilidad de las “puertas giratorias” da acceso a suculentas recolocaciones a cesados o defenestrados de la élite gobernante, gentes a quienes una visita mensual o trimestral a su nuevo puesto de “trabajo” basta para justificar con desahogo el desempeño de tan golosa regalía. Dentro del mismo ámbito es llamativa la creación del llamado puesto de “confianza” para amigos o familiares o colegas del partido caídos en desgracia, pero, eso sí, con la condición de no saber hacer la o con un canuto. En fin, en tiempos de vacas gordas esto era habitual en diputaciones y ayuntamientos. Pese al paso de los años el sistema resistió y aún se mantiene con indiscutible solidez.

Por último quiero rendir homenaje a la sacrificada figura del opositor español, que en el teatro de inspiración social que podíamos ver entre 1960 y 1980 fue una patética víctima asociada a la precariedad, la rutina, la represión y el fracaso. Obras de Carlos Muñiz, Lauro Olmo, Rodríguez Méndez, Rodríguez Buded y hasta de Buero Vallejo o Alfonso Sastre acreditan esto que digo...

Pero no se me vayan, que el señor Iceta, ahora metido a ministro, procedente del señorío del Prat, acaba de intentar demoler el sistema de oposiciones, haciendo que pasen por encima de ellas y queden en situación de fijos unos cuantos miles de interinos, por encima de agravios comparativos o justicias equitativas. La maquinaria estatal de funcionarios debe estar colapsada, a falta del cumplimiento de anteriores convocatorias. Por fortuna parece que un tribunal europeo intervendrá en el embrollo. Sí, sí, aquel Iceta que se movía como un fofo merengue por escenarios musicales que no eran precisamente los de la sardana, sino otros más bullangueros; aquel que pedía a grito pelado “¡Pedro...líbranos de Rajoy...! Y ya ven que él, libre quedó. Ya se sabe, pedid y se os dará. A nosotros cada día nos dan lo que algunos catalanes de turno quieren. Ellos son los que nos gobiernan, ¿o no?.

06 ago 2021 / 01:00
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