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ENTREVISTA
Marisol Soengas González, directora del Grupo de Melanoma del CNIO

“Es casi impensable que no haya mujeres en paneles científicos”

Se ha avanzado en dos grandes frentes: en terapias dirigidas contra mutaciones presentes en las células tumorales, y por otra parte, respecto a tratamientos basados en la inmunoterapia

Ha tomado posesión como académica correspondiente de la Real Academia Nacional de Farmacia, ¿qué supone esta distinción para usted?

Es todo un orgullo, porque las Reales Academias son instituciones del mayor prestigio, particularmente esta de Farmacia, con una trayectoria que se remonta a 1737, con antecedentes ya en el siglo XVI. Además, no siendo farmacéutica, es un honor que expertos de talla internacional hayan reconocido el impacto en salud de los descubrimientos en el melanoma por parte de mi laboratorio en el CNIO (Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas).

Tuvo una clara vocación de investigadora desde pequeña, ¿cómo lo recuerda?

Sí, siempre-siempre he querido ser científica, desde los cinco años. De hecho, nunca me he imaginado en otra profesión. La vocación surgió con juegos infantiles de química, así que, en aquel momento, para mí un laboratorio era un “sitio con tubos de colores de los que salía humo”. Luego vi una película sobre la vida de Marie Curie, y ya, decidida.

Gracias a su extraordinario expediente accedió al laboratorio de Margarita Salas, ¿cómo se sintió?

Realmente, la primera vez que me entrevisté con Margarita Salas no era completamente consciente de la dimensión de la investigadora con la que estaba hablando. Yo había preguntado cuál era el mejor laboratorio de biología molecular; me dijeron que el suyo, la contacté y me dio cita para el día siguiente. En aquel momento no teníamos acceso a redes sociales, así que tuve muy poco tiempo para informarme. Fue cuando entré en su grupo cuando pude apreciar el reconocimiento que tenía nacional e internacionalmente, y me sentí muy afortunada.

¿Cómo valora el trabajo de Margarita Salas, mujer pionera y excelente científica? ¿Le marcó?

Claro que me marcó el paso por el laboratorio de Margarita, como a los casi 200 investigadores que formó durante más de 50 años de carrera científica. Creo que todos diríamos que una de las características que definía a Margarita era su rigor: repetir, cuantificar y repetir de nuevo hasta estar absolutamente seguro de los resultados. También sobre la responsabilidad hacia el personal de su grupo. Se aseguraba de que los estudiantes estuviésemos bien supervisados y de que los sénior avanzasen en sus carreras. También se nos enseñaba a apostar alto. Para las mujeres, además era un ejemplo de normalidad. Ser jefa sin más, tratando exactamente igual a todos, independientemente del género.

Allí tuvo compañeras como María Blasco y Cristina Garmendia, ¿qué ambiente se encontró?

Cuando empecé en el laboratorio me encontré con los mejores expedientes de distintas universidades españolas, y con sénior con muchísimas publicaciones, pero generosos con su tiempo para enseñarnos a los más jóvenes. Teníamos todos muchas ganas de comernos el mundo científico, con una ambición sana y un gran sentimiento de equipo.

Su experiencia internacional en los Países Bajos y Estados Unidos ¿qué le aportó en su carrera?

Mi primera salida internacional a Holanda fue dura, la verdad, porque mi inglés era bastante malo, y yo era muy tímida. Me obligué a hablar y a proponer experimentos. Al final resultó bien, porque me di cuenta de que estaba tan bien o mejor formada que los estudiantes allí. El paso por Estados Unidos fue esencial, primero como investigadora postdoctoral en Cold Spring Harbor Laboratory y después como jefa independiente en la Medical School de la Universidad de Michigan. En EEUU aprendí a pensar en el “big picture” como dicen ellos: arriesgar, abordar retos y a intentar plantear soluciones novedosas. También aprendes que en ciencia se avanza en equipo, así que es importante saber buscar y saber mantener a tus colaboradores.

En su vuelta a España, ¿qué dificultades encontró?

Mi marido (científico también) y yo volvimos a España en el año 2008, no por “morriña”, sino realmente porque considerábamos que aquí podríamos desarrollar una ciencia más competitiva. Por mi parte, el CNIO era atractivo como uno de los mejores centros de investigación en oncología a nivel mundial. No nos hemos arrepentido, pero sí hemos pasado momentos difíciles en ciencia, entre otras razones, por recortes continuados en los presupuestos de I+D+i (que todavía no se han recuperado). Pero decidí hace unos años que no es suficiente quejarse, y que hay que actuar proponiendo alternativas, así que participo en múltiples acciones reivindicativas de la Asociación Española de Investigación sobre el Cáncer (ASEICA).

¿Considera que los centros de investigación como el CNIO están suficientemente valorados por los ciudadanos y por los políticos?

En general, la sociedad valora a los científicos y es consciente de que los grandes avances en temas tecnológicos, o por ejemplo en salud, se consiguen gracias a la investigación. Sobre los políticos, esa es otra cuestión. Hemos oído demasiadas veces mencionar a palabra ciencia con motivos muchas veces propagandísticos. Desde ASEICA insistimos una y otra vez, en que la ciencia, la tecnología y la innovación son motores de futuro. Solo tenemos que mirar alrededor, los países que están saliendo antes de la crisis son los que ya habían apostado por la investigación, y la han aumentado en sus presupuestos.

El año de la pandemia, ¿cómo ha afectado el COVID a su vida y a su trabajo?

Esta situación nos ha obligado a redefinir prioridades y a reorganizar la vida profesional y personal. En el confinamiento tuvimos que reducir casi completamente la actividad experimental, así que reorientamos esfuerzos a análisis de datos y a escritura de publicaciones y proyectos. También me di cuenta de que viajaba mucho (demasiado) y que la mayor parte de las reuniones se pueden realizar telemáticamente. De hecho, en el laboratorio hemos celebrado cumpleaños, artículos y premios vía Zoom... pero la verdad, espero que en breve podamos volver a una situación más de normalidad. Las relaciones personales son importantísimas en los laboratorios.

¿El melanoma es un cáncer al que prestamos atención o llegamos al diagnóstico tarde, cuando ya hay metástasis?

Afortunadamente, el melanoma es un tumor que cada vez se diagnostica más temprano. Creo que está calando entre la población (al menos entre padres y madres con hijos pequeños), que las quemaduras solares pueden inducir mutaciones en el ADN que favorecen la aparición de cáncer de piel, sobre todo del melanoma. De todos modos, muchos melanomas se escapan al diagnóstico temprano. Eso es un problema, porque estos tumores son tan potencialmente agresivos, que lesiones muy finas (de milímetros de grosor), pueden diseminarse por el organismo e inducir metástasis.

¿Conseguiremos vencerlo o lo cronificaremos?

Los científicos somos muy cautos en cuanto a curaciones completas, pero en el melanoma realmente somos optimistas. En poco más de 10 años se han aprobado más de 13 tratamientos, y se ha pasado de una enfermedad con una supervivencia de poco más de un año tras el diagnóstico con metástasis, a una situación en la que el 60-70% de los pacientes responden a terapia, con una duración de varios años.

¿Qué avances estamos logrando? ¿Es una cruzada mundial?

Se ha avanzado en dos grandes frentes: en terapias dirigidas contra mutaciones presentes en las células tumorales, y por otra parte, respecto a tratamientos basados en la inmunoterapia. En particular, conseguir que el propio sistema inmunitario de los pacientes reconozca y ataque selectiva y eficientemente a las células tumorales ha sido una de las grandes revoluciones en estos tumores (también en otros, como cáncer de pulmón, por ejemplo). Sí, es una cruzada mundial conseguida por colaboraciones entre investigadores básicos y clínicos. Un gran éxito de la ciencia.

¿Se ha incrementado el número de mujeres científicas desde que usted inició su trayectoria? ¿Existen planes para la igualdad en los equipos de investigación?

Sí se ha aumentado la presencia femenina en la ciencia. Por ejemplo, aún hay excepciones, pero en general, ahora es casi impensable que no haya mujeres en paneles científicos, como ponentes en congresos o como representantes en equipos de gestión en universidades y centros de investigación. El CNIO, el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), el Instituto Carlos III, la Confederación Española de Sociedades Científicas (COSCE), o la Federación de Asociaciones Científico Médicas Españolas (FACME) son solo algunas de las instituciones que tienen mujeres como directoras o presidentas. De todos modos, queda mucho por hacer, porque solo un 25-30% de los puestos de alta responsabilidad en ciencia están liderados por mujeres. Este techo de cristal, la falta de visibilidad de las investigadoras, y la dificultad en progresar en su carrera profesional fueron algunas de las razones por las que me animé a coordinar ASEICA-Mujer. Todavía nos falta mucho que conseguir, pero somos muy vocales y muy activas.

¿Qué recomendaría a los estudiantes con inquietudes científicas que van a iniciar sus estudios universitarios?

A los que van a empezar, que consideren que se puede hacer ciencia desde múltiples disciplinas, por ejemplo, en mi campo, el cáncer, se puede acceder desde la biología, química, farmacia, medicina, física e incluso matemáticas, entre otras. Por tanto, que mediten bien qué les gusta y que empiecen contactar a grupos de investigación cuanto antes. Pueden pedir una entrevista telemática a título individual, o quizá para toda la clase (así pueden tener todos un contacto directo con los investigadores y saber de su día a día y de los objetivos futuros de su trabajo). También les diría que intenten contactar a grupos potentes para estancias de rotación o de verano (mejor a través de programas internacionales, como los ERASMUS). Ah, y que estudien, porque unas buenas notas no son panacea, pero abren muchas puertas.

¿Y a los que están finalizando?

A los y las que están finalizando les diría que si quieren investigar, tienen que ser muy proactivos. Las oportunidades hay que buscarlas. Respecto al trabajo de fin de grado o de fin de máster (TFG o TFM), los animaría a intentar entrevistas presenciales, y si no fuese posible, una reunión virtual con los jefes/jefas que les interesen. Para ello, deberían de preparar cartas de presentación y de interés muy personales y específicas para el grupo que intentan visitar, e insistir... varias veces, si fuese necesario. Las cartas de recomendación son muy importantes, así que durante la carrera deberían intentar rotaciones en varios laboratorios que les puedan servir como referencia. Finalmente, que no se autolimiten y se atrevan a ser ambiciosos.

29 jul 2021 / 01:00
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