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¿Es usted doctor Bell?

“He determinado que la Literatura ha de ser mi bastón, no mis muletas, y que los beneficios de mi labor literaria, por muy convenientes que me resulten, no han de ser, si puedo evitarlo, necesarios para mis gastos ordinarios” dejó escrito Arthur Conan Doyle.

A la muerte de la reina Victoria en 1901 como escribe el escritor Juan Benet (conocido en su momento por Nunca llegarás a nada, un volumen de relatos ambientados en Región una ciudad imaginaria, 1959) junto con Luis Martín Santos y Juan Marsé será recordado entre otras cosas por ser uno de los principales artífices de la renovación dentro de la narrativa española en la década de 1960. En su obra Londres victoriano muestra los ideales y objetivos de una sociedad victoriana que se extinguieron con la soberana que, por otra parte, no se había esforzado gran cosa en marcar el tono de su tiempo.

Esa cultura victoriana así como la misma literatura habían adoptado, si cabe, un carácter un tanto rural y hasta Charles John Huffam Dickens, uno de sus verdaderos protagonistas, frecuentaba sus escapadas al campo tanto en su vida personal como en la ficción. Las cifras ganadas por Dickens a más de uno asombrarían, pues su pluma podía llegar a las 1.000 libras al año dominando la escena literaria inglesa. O una figura como Óscar Wilde que estando en el exilio en París a la edad de cuarenta y seis años arruinado y perdiendo la fe en sí mismo dejaba frases como “No todo el que dice: Yo, yo entrará en el reino del Arte” ¿era Óscar Wilde un apóstol de la decadencia predicando un culto a la belleza? Lo que sí es cierto es que muchos de esos personajes no han trascendido solo a los medios de comunicación sino también a la Historia. Arthur Conan Doyle (Edimburgo, 1859- Crowbrough) abrió una consulta en Londres en Devonshire Place en su número 2.

Era un hombre versátil y se dio cuenta que con la Medicina no le llegaba. Se decidió a escribir siendo uno de los escritores, como Dickens, mejor pagados de Inglaterra en el Strand Magazine. Fue alumno del médico escocés Joseph Bell (1837-1911) que serviría de cirujano a la reina Victoria cuando esta visitaba Escocia donde se encontró con Doyle en la Universidad de Edimburgo en 1877 quien fue una verdadera fuente de inspiración para el personaje que en ese momento Doyle estaba creando. Dotado de unas capacidades que asombraron a más de uno, Bell contaba con 39 años cuando un joven escritor comenzó a ir a sus clases con un sentido de la curiosidad y de la observación muy necesarias.

Nacido en una familia con precedentes en el campo de la Medicina, entre ellos sir Charles Bell, conocido por la descripción de la parálisis de Bell, estableciendo la diferencia entre los nervios motores sensoriales y auditivos. Bell llegaría a prologar alguna de las obras del dectective Sherlock Holmes interpretado magistralmente por el actor escocés Ian Richardson en la BBC en el año 2000, relatando los encuentros y desencuentros con el crimen de la época victoriana (Los oscuros comienzos de Sherlock Holmes. Los misterios del auténtico Sherlock Holmes) y con un joven Conan Doyle. Encontrándose con Joseph Bell en 1982. Richardson había sido conocido gracias a Francis Urguhart, el político intrigante de House of Cards.

Los actores que han dado forma y contenido a las aventuras de Sherlock Holmes en la pantalla han sido varios e incluso otros lo han resucitado al siglo XXI descubriendo los crimenes de la actualidad, pero con unos métodos un tanto peculiares... Desde Christopher Lee hasta Jeremy Brett interpretando a Holmes o Edward Hardwice a Watson hasta Michael Cane siendo Holmes y Watson Ben Kingsley o Benedict Cumberbatch en el papel de Holmes cada uno nos han descubierto sus aventuras. Un papel para viajar en el tiempo... Doyle creó un personaje que lo acompañaría e incluso lo tendría que devolver a la vida en más de una ocasión. Tuvo la idea de matar a su detective con sus aventuras en 1893 en el relato El problema final, Holmes y su enemigo Moriarty se cayeron y en la última escena fallecieron dejando la incógnita.

Por las protestas de sus lectores, Doyle tuvo que devolver a la vida a su protagonista a través de El perro de los Baskerville. Hasta el filósofo Jhon Gray realizaría un ensayo para la BBC con el sugerente nombre de El inagotable atractivo de Sherlock Holmes: los motivos por los que nunca nos podremos librarnos del detective. El banco donde estuvo ubicado durante años, el 221B de Baker Street, esa dirección que pasaría de la Historia al estrellato y donde Holmes y Watson resolverían más de un caso durante décadas, emplearon a una persona para contestar al correo que llegaba al enigmático Holmes. Una dirección que no existía pues la calle era en ese entonces un tanto más corta.

La especial atención fue captada por la editorial Akal que sacó en su momento un especial donde se recogían los distintos capítulos y aventuras de este Sherlock Holmes facilitando al lector un verdadero índice de datos y nombres que surgieron en ese momento. “El lector tiene en sus manos el punto culminante de la publicación sobre Sherlock Holmes más importante de las últimas cuatro décadas editada por una de las máximas autoridades sherlockianas del mundo, Leslie S. Klinger; una obra que atraerá a todos los lectores y aficionados a los grandes libros.

Sus páginas contienen los cuatro -relatos largos- de Sherlock Holmes publicados entre 1887 y 1915, recibiendo por su trabajo el Edgar Award, el mayor premio del Mystery Writers de Estados Unidos. Klinger vive en Los Ángeles y es autor de numerosos trabajos en torno a la figura de Sherlock Holmes.

Para Peter Costello, Conan Doyle fue más allá relatando los crímenes reales que investigó el creador de Sherlock Holmes. Una vida de escritor relacionada con casos reales interviniendo no solo en Gran Bretaña sino también en Estados Unidos y Sudáfrica: los crímenes de Jack el Destripador o la misteriosa desaparición de Agatha Christie en 1926 o la ejecución de Sacco y Vanzetti en 1927 y el caso de George Edaji novelado por Julian Barnes. Una rivalidad entre el misterio y sus propias creaciones.

¿Un personaje que se ha comido a su autor? Doyle publicó unas piezas que no fueron importantes y en 1887 Un estudio en Escarlata lo lanzaría a la fama. Presentó por primera vez a un desconocido doctor Watson y a Sherlock Holmes hasta el día de hoy. Fueron parte del paisaje los mil hombres de la Policía Metropolitana de Scotland Yard, un verdadero comienzo con ciertos interrogantes que pronto sintieron ese aprecio de ciertas clases sociales de la época.

También Scotland Yard siendo un personaje secundario ha tenido su momento en la obra de Doyle. Ha sido Eduardo Caamaño, nacido en Río de Janeiro, economista y especialista en la creación literaria por la Universidad Camilo José Cela, quien ha realizado una de las biografías en torno a la Vida y Milagros de Arthur Conan Doyle –Caballero del Imperio Británico a su pesar– despejando así lo que es un autor y lo que ha sido su personaje en un Londres que como ha escrito Henry James “Tan feo y tan brutal y ha reunido tantos aspectos oscuros de la vida que resulta casi ridículo hablar de él como un amante de su querida y casi frívolo aparentar ignorancia acerca de sus crueldades y su degeneración”. E incluso llegaron a la proclamación de la reina Victoria como emperatriz de la India sin haber pisado el subcontinente. No solo eso, Caamaño ha realizado obras que parecen complementarse entre ellas.

¿Esta muerto el género de la biografía? La biografía de Arthur Conan Doyle sin ninguna duda ha sido la más atractiva no por el personaje sino por la época que le tocó vivir. La crítica literaria Victoria León lo escribe muy claro en su prólogo a Las cartas de Stark Munro, al escribir: “La obra nunca había sido traducida al castellano y al subsanar esa ausencia con nuestra versión creemos estar poniendo a disposición del lector una pieza clave para entender la psicología singular y el pensamiento heterodoxo de un autor tan conocido como desconocido a la vez para el público, y cuya vida y obra guardan una relación mucho más estrecha e íntima de lo que parece iluminándose mutuamente. La biografía de Arthur Conan Doyle es de por sí materia novelesca”. Según Caamaño, “irlandés de ascendencia, escocés de nacimiento y británico por convicción”.

Conan Doyle fue un hombre deportista y aventurero y se movió por campos tan dispares como antagónicos. Se embarcó en peligrosas expediciones marítimas, arriesgó su vida en el frente en tres conflictos sangrientos y compartió experiencias con los nombres más notables de su tiempo”. Pero no solo eso... Las obras de Arthur Conan Doyle han creado empresas, es decir, se han escrito verdaderos ríos de tinta en relación a ese Londres victoriano, al crimen, a Sherlock Holmes y a su autor. Hasta un tema como el espiritismo ha tenido su momento en la obra de Doyle. Esa clase alta victoriana arrastró al espiritismo en donde sus distintas reuniones sociales acababan siendo verdaderas e interesantes sesiones de espiritismo para la época.

Se encontraban mesas voladoras y ruidos inexplicables. A través de la familia Fox se abrieron las puertas para ese otro lado de la realidad que ha llegado hasta nuestros días. Como sugiere Caamaño, “los rumores de los golpes que provenían de ultratumba se extendieron como la pólvora, convirtiéndose en el principal tema de conversación de todas las tabernas, además de difundirse por otros estados, colocando al pueblo de Hydesville en el centro atención de todo el país”. Para Arthur Conan Doyle “si en cien años solo soy recordado como el hombre que creó a Sherlock Holmes mi vida habrá sido un tremendo fracaso” y estas palabras son las escritas por muchos autores en el mundo de las Artes.

Lo que describe Caamaño no es solo una biografía, lo interesante no es la biografía de Doyle sino la época que le tocó vivir y Caamaño la narra con verdadera maestría yendo a los lugares más emblemáticos de este autor. Para Caamaño una biografía es “la historia de un personaje bajo la visión del autor que la escribe”. Ahora de todos los eventos ninguno recibió tanta cobertura en su tiempo como que tuvo lugar el 13 de julio de 1930 cuando diez mil personas acudieron al recinto a ver y a escuchar en directo a sir Arthur Conan Doyle, uno de los autores más populares del mundo, el mismísimo creador del detective Sherlock Holmes.

En muchos aspectos el evento no difería de los cientos de conferencias que Conan Doyle había dado alrededor del mundo si no hubiera sido por un pequeñísimo pero relevante detalle: el eminente novelista había fallecido cinco días antes de un ataque al corazón en su casa de Crowborough. ¿Cómo era posible que un difunto pretendiera dar un discurso desde el Más Allá?

29 abr 2021 / 01:00
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