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La Muralla de los 650.000 libros en Lugo que fue récord mundial

Cúmulum, ideado por la artista Luz Darriba, cumple 20 años// Fue el revulsivo para declarar como Patrimonio de la Humanidad a la fortificación romana

Cúmulum, un proyecto ideado por la polifacética artista Luz Darriba, cumple dos décadas este año. Su objetivo, allá por el año 2000, era promocionar, ante la Unesco, la candidatura a Patrimonio de la Humanidad de la muralla romana de Lugo. La idea consistió en rodear la milenaria fortificación, de 2,5 kilómetros de perímetro, con libros. Formar una gran muralla de libros y lo logró con mucha holgura.

De todas las iniciativas promovidas para apoyar la candidatura del monumento lucense, Cúmulum fue, sin asomo de duda, la que más impacto social y proyección tuvo. Fue todo un récord mundial de acumulación de libros, que trascendió las fronteras de la provincia.

Entre finales de 1999 y los tres primeros meses del año 2000 el proyecto de Darriba caló de tal manera que se convirtió en una especie de monstruo desbordó a los organizadores, como ellos mismos reconocían. Como si de una bola de nieve cayendo por una montaña se tratase, las donaciones de libros de organismos y colectivos de todo el mundo para la iniciativa Cúmulun comenzaron a llegar por miles.

Cuando el 16 de mayo del 2000 se comenzó a montar la estructura que iba a sostener la segunda muralla de volúmenes literarios, la Fundación Cúmulum, reconocida de interés cultural por la Xunta, ya había recibido un millón de libros, cuando la idea inicial era colocar medio millón de ejemplares en una superficie de 12.000 metros cuadrados.

IMPLICACIÓN SOCIAL. A partir de ese mes, estudiantes universitarios, millares de escolares lucenses, asociaciones de toda Galicia y hasta reclusos de la cárcel luguesa de Monterroso fueron colocando los 650.000 libros utilizados en el armazón de esa singular muralla, cada uno dentro de una bolsa de plástico, para dar vida a una obra que se mantuvo en pie durante cinco meses y que puso a Lugo en los titulares de prensa e informativos de un buen número de países de todo el mundo.

Fue tal la repercusión conseguida que la ciudad se sintió orgullosa no solo de su fortificación roma milenaria, sino también de la espectacular estructura de libros que rodeaba al monumento que aspiraba a ser declarado, ese mismo año, Patrimonio de la Humanidad, por el comité de la Unesco.

Cúmulum fue todo un ejemplo de como una sociedad, como la luguesa de aquel entonces, había sumado voluntades y volcado sus esfuerzos en la defensa de la candidatura de la muralla.

RETICENCIAS. Esta odisea librera no fue todo un camino de rosas. También tuvo su lado áspero en su arranque, ya que el entonces alcalde, José López Orozco, mostró sus reticencias ante el proyecto de Luz Darriba, pero los apoyos recibidos por la Fundación Cúmulum de instituciones y personajes de prestigio, como Mario Benedetti, José Saramago o la propia Unesco, sirvieron para superar esas diferencias y remar todos en la misma dirección.

Los robos que se produjeron y las lluvias del otoño, que deslucieron la muralla de libros, fueron también facetas de esa cara no amable de esta iniciativa. A principios de noviembre, brigadas de obreros y reclusos liberaron al monumento de las decenas de miles de libros que la circundaban, que fueron amontonados en un viejo almacén de la ciudad.

A finales de ese mes, el día 30, se daba a conocer el fallo del comité de la Unesco y la muralla de Lugo era reconocida y declarada, merecidamente, como Patrimonio de la Humanidad.

URNA PARA EL FUTURO. Los responsables del proyecto Cúmulum no querían que la idea de rodear la muralla lucense de libros desapareciese una vez se retirados el más de medio millón de tomos. El ayuntamiento aceptó la propuesta para enterrar en una urna materiales que ayuden a futuras generaciones a conocer cómo era el Lugo del año 2000.

En el recipiente enterrado se introdujeron libros, fotografías y un elemento definitorio de la ciudad. La ubicación de la urna y de los materiales que irán dentro fueron elegidos por los propios vecinos.

Este recipiente, según señaló Luz Darriba en su día, no se abrirá hasta dentro de cien años. Quedan 80 primaveras para que los lucenses del futuro abran esa caja del pasado y vean que les dejaron sus antepasados.

15 may 2020 / 22:22
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