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La presión que otros ejercen sobre nosotros
puede impedirnos vivir como queremos

    No es tarea fácil encontrar el equilibrio entre la presión social con constantes opiniones y juicios acerca de nuestra persona y nuestros deseos y necesidades reales. El día a día de cualquier sujeto en mayor o menor medida resulta convertirse en las hijas/os, hermanas/os, madres/padres, mujeres/hombres esperados por otros y lidiar con comentarios sobre el aspecto físico (si has adelgazado o engordado o cómo te queda el nuevo corte de pelo) o los propósitos personales y modos de actuar, como a qué quieres dedicarte o la clase de madre/padre que resultas. Opinamos, generalmente sin filtros, sobre los gustos y formas de proceder en diferentes situaciones sobre un individuo que ni lo solicita.

    La coacción desde la sociedad y el entorno puede ahogar, causando que llegue a perderse el foco e incluso olvidarse la verdadera ilusión, las exigencias o aspiraciones personales. Llegado el momento, te cuestionas qué no estás haciendo y cómo quieres actuar objetivamente no frente a otro, sino frente a tu propio reflejo. Todo esto sucede porque tomamos muchas decisiones por la influencia, en su mayoría, de personas cercanas. Si te revisas: ¿eres fiel a ti mismo o estás agradando al resto?

    En la sociedad existen ciertos patrones de comportamiento, los considerados “correctos”, “aceptables” o “normales”. Por este hecho, se produce rechazo hacia aquel o aquello que los contradiga. Esto puede interferir en nuestro sendero vital. Algo que hacen muchas personas, algunas veces siendo conscientes y otras no, es sacrificarse en beneficio de los demás. Sin embargo, puede romperse con esa dinámica y batallar por lo que en verdad deseamos y nos causa una verdadera sensación de plenitud.

    Romper con la presión social y los juicios

    Sabiamente Anthony Hopkins (actor, director y productor), expuso que: “lo más valioso que tienes en tu vida es tu tiempo y energía, ya que ambos son limitados. Haz de tu vida un refugio seguro, en el que solo se permiten personas compatibles contigo. No eres responsable de salvar a nadie. No eres responsable de convencerles de mejorar. ¡No es tu trabajo existir para la gente y darles tu vida!”.

    Como seres sociales habituados a la interacción con el medio, recibimos desde pequeños un conjunto de valores que interiorizamos y no solemos cuestionar. “Nuestro entorno más cercano y la sociedad tienen unas expectativas puestas en nosotros. Estas expectativas implícitamente nos exigimos cumplirlas y, si no llegamos a hacerlo, nos genera frustración y sentimientos de culpabilidad, ya que pensamos que “no estamos a la altura” de lo que se espera que acatemos”, refiere María Magdalena Orosan, psicóloga especialista en psicoterapia integral.

    Vivir anteponiendo nuestros deseos

    Según el ámbito social, familiar, los factores de personalidad y las circunstancias que se nos presenten, en la infancia asumimos un rol en la estructura familiar. Ya decía el filósofo y ensayista José Ortega y Gasset en Meditaciones del Quijote: “Yo soy yo y mi circunstancia y si no la salvo a ella, no me salvo yo”. “En base a este rol asumimos responsabilidades y muchas veces, lejos del apoyo emocional que necesitamos, recibimos frecuentes -incluso normalizadas- críticas por parte de nuestras figuras de apego (tradicionalmente los padres)”, relata Orosan. Para la profesional, esta crítica implica una persistente necesidad de mejorar para ser aceptados por nuestro entorno y para mantener nuestro rol.

    La felicidad son momentos y lo que debemos tener presentes es que no dura eternamente. Por lo tanto, podemos optar por pensar en qué nos hace felices, fomentar esas acciones y tomar decisiones, pese a que ello suponga romper con lo que otros instruyen, teniendo siempre en mente que podemos decepcionarles. No obstante, la pregunta aquí radica en, ¿puedo soportar fallar a otro o fallarme a mí?

    Conseguir no juzgarnos, ignorar la presión social, aprender a decir “no” y detectar la manipulación que personas cercanas a nosotros ejercen en nuestra vida, puede llevar a la liberación personal y a encauzar nuestras vidas. Como sostenía Hopkins, permitir que ciertas personas se vayan no debe afectarnos. Hemos de lograr trabajar para conseguir vivir para nosotros y no para los demás. Si alcanzamos este fin lograremos desterrar la culpa y disfrutaremos sanamente y sin remordimientos.

    06 abr 2022 / 01:17
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