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Santiago Gamboa: negro y macabro colombiano

Una de las primeras (si no la primera) novelas del género negro que leí en el ámbito narrativo hispanoamericano fue Perder es cuestión de método (1997), con la que casi iniciaba su larga trayectoria narrativa Santiago Gamboa, colombiano de Bogotá (escenario frecuente de sus novelas, preferentemente urbanas), cuya más reciente muestra es Colombian psycho (Alfaguara, 2022), título que plagia el American psycho (1991) - radiografía de un vesánico psicópata asesino en el marco de Nueva York –, de la autoría de Bret Easton Ellis. Años después (2000) se estrenó la película del mismo título y rotundo éxito, dirigida por Mary Harron. De asesinatos en serie, terror macabro, corrupción y violencia, submundo carcelario, investigación demorada y amena y una Bogotá asfixiada por el miedo y el peligro y una lluvia imparable, obsesiva, trata esta alucinante novela de S. Gamboa, que exhibe aquí su condición de fecundo prosista, narrador versátil y capaz de construir una historia desplegada en variadas secuencias anecdóticas y diferentes y aun opuestos tonos expresivos. No solo aguanta el lector estas casi seiscientas páginas: entra en ellas con intensidad de atención que va en aumento y disfruta de una trama en la que a los trazos habituales del género negro se añaden momentos y situaciones humorísticos y detalles reveladores del ingenio del propio escritor, que, inopinadamente, acaba por meterse en la ficción como un personaje más pero dura poco.

Esta Colombian psycho aspira a dar una imagen urbana de la Colombia actual desde diversos flancos, pero una imagen crítico – satírica enraizada en males endémicos que están secularmente instalados en su sociedad y que ni siquiera la pasada firma del Proceso de Paz en La Habana ha conseguido borrar. Sectores como el ejército, la justicia, la cultura o la economía registran y atestiguan la permanencia de la corrupción y la violencia. La marca del país se acentúa en el plano expresivo, que se mueve en lo coloquial (y hasta jergal) urbano, en léxico y fraseología, con abundantes muestras. La clave de la historia – criminal, delictiva, aterradora, cruenta hasta el ensañamiento – es la investigación, la búsqueda, lo que determina un elevado ritmo narrativo, una proliferación escenográfica y concurrencia de personajes antagónicos: perseguidores (el grupo presidido por el minucioso fiscal Jutsiñamuy) y criminales, ambos con igualitaria dotación de género, terreno en el que se ceba la veta humorística del escritor: el muerto amputado es “el cortado”, el calvo es un “discapacitado capilar”, el sexo grupal responde a la “teoría del poliamor”. Otra dimensión de la novela es la presencia del indigenismo bajo un prisma no tradicional; en particular, los ritos, mitos y supersticiones referidas al más allá y, por contra, a la moderna tecnología de los instrumentos de comunicación.

Es Colombian psycho, en suma, una novela proteica en constante crecimiento y de variado asunto, que amplifica el núcleo de lo negro genérico. Radiografía dura de miedo y muerte, de crónica de la realidad y ficción narrativa, de lo vital y de las perturbaciones psíquicas; posee curiosos y hasta divertidos detalles que reconfortan y animan su lectura, que el verano propicia. Anímense a ello.

08 jul 2022 / 01:00
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