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TRIBUNA LIBRE

Son las matemáticas, ¡estúpido! (o sobre la necesaria reconversión del turismo en Galicia)

Antes de los noventa (del siglo pasado) no existía turismo de masas en Galicia. La mejora de las infraestructuras (fundamentalmente la red de autovías con la meseta), el fenómeno Xacobeo y el boom del ‘oasis’ rías baixas fueron los tres principales pilares sobre los que se asentó la entrada del turismo, fundamentalmente nacional. Durante varios años este modelo de turismo low cost (de autocar) funciono, y dejo importantes beneficios, gracias sobre todo a un cliente mayor poco exigente y unos costes fijos muy bajos.

Pero como dice el refrán ‘en el pecado llevas la penitencia’. Tras dos décadas doradas iniciales el modelo fue perdiendo impulso por la combinación de la inflación, motivada por la incorporación al euro, y la congelación de las tarifas, motivada por el monopolio de ciertos intermediarios dispuestos, incluso, a aumentar sus beneficios a costa de los hoteles (en algún momento alguien tendrá que explicar el por qué por los mismos servicios prestados en Galicia; las tarifas de los hoteles de Asturias, Cantabria o País Vasco se incrementan entre un 30% y un 60%).

Las sucesivas crisis hicieron el resto, y con la gran crisis del 2008 ya se confirmó lo que todos sabíamos: el modelo de Grupos Rías Baixas tocara techo, entrando en una fase de agotamiento que irreversiblemente llevaba a una pérdida de beneficios de los hoteles de mediana categoría y al cierre de muchos.

Nadie tuvo interés en cambiar el modelo a pesar de ello. Ni los grandes turoperadores y agencias que podían seguir exprimiendo a los hoteles. Ni los hoteleros ‘cómodos’ en un modelo que, aunque cada vez dejaba menos beneficio y obligaba a trabajar más en condiciones precarias, les eximia de no tener que enfrentarse a una reconversión para la que no estaban culturalmente preparados. Ni una administración contenta con la proyección electoral de la marca Xacobeo.

Incluso cuando hubo un cambio de color en la Xunta de Galicia (cosa que ocurre una vez cada tropecientos años), los responsables de turismo del bipartito pensaron, desde sus preclaras mentes patrióticas, que era el momento de abordar un cambio en profundidad: sustituir el “Pelegrín” por la “Cuncha” (una gran aportación ideológica del nacionalismo gallego).

Más de diez años después, y una pandemia por medio, la administración autonómica sigue sin abordar el cambio de modelo de turismo y somos unos pocos empresarios los que ya nos negamos a Pensión (es) Completa (s) que van de 16 a 25 euros, en el mejor de los casos (¡Sí!, leyó bien el lector: 16 euros por dormir, desayunar, comer y cenar. Más barato que estar en casa).

Pero si es así, ¿porque sigue a funcionar este modelo? El mismo se basa en el dumping de los grandes, la aceptación de los pequeños y seguramente algunas actividades ilícitas poco confesables de unos cuantos.

Ahora bien, que nadie se equivoque, el problema de los gallegos no es la ideología; son las matemáticas.

Cojamos por ejemplo el precio de una persona en un hotel de 2/3 estrellas en temporada alta (agosto para entendernos): 28 €. Cojamos ese mismo precio en temporada media (julio y septiembre): 20 €

En ambos casos seguramente el precio de un particular sea algo mas y el de un turista de grupo sea algo menos, pero para no liarla dejémoslo así.

En el primer caso el precio incluye estancia (y en algunos casos – cada vez menos- desayuno). En el segundo Pensión Completa (desayuno, comida y cena, además de la estancia).

Además, en el segundo caso poner en marcha la cocina y el comedor supone multiplicar por 3 el gasto de personal y por 6 el gasto de consumo energético (pues los electrodomésticos de cocina es lo que más se lleva en el reparto de consumo energético). Obviamente, y eso no se le puede escapar al lector, si das de comer y cenar tienes que comprar la materia prima de las comidas y más gastos derivados de la cocina.

En término medio de los 28 euros de temporada alta quedan de beneficio 19 € en caso de un cliente particular y de 7 € en el caso de un cliente de grupo.

Esa misma relación en temporada media pasa a ser de 14 € en un caso y 5 € en el otro.

Estamos hablando de momentos en el que los clientes particulares abundan y la contratación de grupos impide recibir particulares (solo un grupo de 30 habitaciones en agosto a estés precios significa para el hostelero que coge grupos dejar de ganar 15.000 €).

Alguien puede decir que trabajar con grupos permite cubrir meses de temporada baja en los que no hay particulares, por ejemplo, octubre/noviembre o abril/mayo. Aceptemos que es así y volvamos a las matemáticas.

En temporada baja los precios caen por debajo de 18€/PC, los días son más cortos (mayor consumo energético) y las temperaturas más bajas (mayor gasto de calefacción). En eses meses el beneficio puede bajar hasta 2 € persona. Haría falta trabajar 4 meses seguidos, con tres grupos completos (160 personas) y sin ningún día libre para compensar las pérdidas de agosto.

La fórmula es sencilla: “En agosto no ganas. En el resto del año pierdes.”

Alguien puede convencernos de que trabajar más volumen mejora el beneficio. Es cierto. Si el hotel puede absorber 3 autocares en lugar de 1, o 5 autocares en lugar de 3, se abaratan algo los costes fijos y se eleva un

par de euros/persona el beneficio. Pero ojo, las agencias mayoristas no te aseguran la ocupación permanente (de echo es muy habitual cancelaciones de última hora) y además eso se realiza a costa de la salud del hotelero y del peor servicio al cliente.

Galicia tiene, paradójicamente, una oportunidad gracias al cambio climático y a la era post- covid que ya se notó en este muy buen año turístico. Galicia está volcado en el turismo nacional, menos afectado por las restricciones de movilidad global que van a seguir existiendo. Además, Galicia se convirtió en refugio de muchos españoles que escapaban de sus lugares habituales de veraneo fruto de las sofocantes temperaturas.

Se trata de aprovechar esa oportunidad.

Los hoteleros deben romper con los mecanismos que impiden tarifas razonables y la administración debe abordar un dialogo serio con el fin de mejorar el modelo de turismo en Galicia.

Mil veces se ha hablado de desestacionalizar el turismo. ¡Está bien!

Pero, la desestacionalización no se va a dar con tarifas reducidas, servicios mediocres y hosteleros auto-explotados.

Xoán Hermida

28 sep 2021 / 20:49
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