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Trabajar en pijama, hacer yoga y aprender a cocinar

Dos meses de confinamiento y ya hay estudios que analizan nuestro comportamiento durante este tiempo. Bueno, a mí tampoco es algo que me pille por sorpresa, la verdad, porque ya he comentado más de una vez la ingente cantidad de investigaciones sociológicas de lo más variopinto que hay, tan curiosas como que exista un Día Mundial del Retrete, que lo juro que existe, concretamente el 19 de noviembre, y es oficial. Lo digo ya así, con fechas, para que no parezca que me lo invento, igual que hay otro dedicado al Beso Robado, el 6 de julio, e incluso uno para la Concienciación sobre la Mordedura de Serpiente el 19 de septiembre, proclamado por la mismísima OMS, y del que yo siempre he pensado que debe de referirse a reptiles en el más amplio sentido de la palabra, literal y figurado, que abundan bastante más que los animales en cuestión, a los que no veo yo en número suficiente como para tener su propio día.

En fin, retomando el tema, eso, que ya hay estudios derivados de lo que está suponiendo el confinamiento por la crisis provocada por el virus covid-19, entre ellos el de AxiCom, una agencia de comunicación especializada en empresas y negocios disruptivos e innovadores de base digital y tecnológica, que por lo visto ha realizado uno para conocer qué opinan y cómo se encuentran los empleados trabajando desde casa, concluyendo para mí gran sorpresa que al 80% le gusta el teletrabajo y el 93% quiere mantenerlo pese a la vuelta a la normalidad.

LO QUE MÁS GUSTA, AL PARECER, ES evitar los desplazamientos (86%), aprovechar más el tiempo (63%) y madrugar menos (51%), seguido por la conciliación familiar y laboral (44%), poder comer comida casera (31%), disfrutar de más tiempo libre (19%) y, curiosamente, también poder recibir pedidos on-line cómodamente en su propio hogar (6%), que se ve que falta todavía mucha taquilla Mayordomo Smart Point por colocar.

Y aunque el orden de prioridades cambia un poco en el caso de las familias con hijos, que valoran más la conciliación, al 93 % de los empleados les gustaría mantener la posibilidad de teletrabajar pasada esta situación y solo un 7% prefiere continuar acudiendo a la oficina cuando todo se normalice.

RECONOZCO QUE EL DATO ME HA DEJADO EN SHOCK, sobre todo porque para mí, una gran parte de la normalidad tiene que ver, precisamente, con volver a la oficina y lo que eso conlleva: sociabilizar, que por cierto, dicen añorar el 63 %; la desconexión mental (un 61 %) y el dar por finalizada una jornada laboral, algo más complicado estando en casa y que es fundamental.

En mi opinión, creo que el confinamiento está demostrando que en muchos casos quizá se pueda trabajar de una forma más racional, buscando un equilibrio entre la parte on-line y la presencial que evite muchos desplazamientos innecesarios y demasiadas horas fuera de casa, pero... ¿con este sistema a diario forever and ever? A mí, desde luego, que me dejen con mi vida cotidiana, que yo soy de las que creo que el contacto con personal seleccionado es enriquecedor y necesario, y desde luego, mi normalidad personal pasa por vivir la vida a pie de calle, con los cafés de máquina, los afterworks, y las carreras en stilettos, para las que me temo que ya he perdido práctica.

ESO SIN CONTAR LO DEL VESTUARIO, que esa es otra, porque atención, con las ganas que tengo yo de volver a taconear por el mundo adelante, y resulta que el 31 % ha asegurado estar en pijama o ropa de andar por casa durante todo el día; 5 de cada 10 continúan vistiendo como si fueran a salir de casa, aunque con prendas más cómodas, y el 5% prefieren vestirse solo de cintura para arriba, por ser la parte del cuerpo que aparece en las videollamadas, y digo yo que porque todavía no han aprendido de las jugarretas que juegan los planos, véase el archicomentado caso Merlose Place o el del reportero Will Reeve, con americana y camisa, pero sin pantalón, en su programa Good Morning America.

Que resulta que yo fue verlo y acordarme de una divertida anécdota que me contó en su día el periodista deportivo Terio Carrera acerca de un verano en la Televisión de Galicia, un inolvidable outfit mitad traje, mitad bermudas, y una visita sorpresa, y que dio para reírnos un rato largo.

Y POR SUPUESTO, ENTRE LOS HÁBITOS INCORPORADOS que no falte la cocina (64 %), algo que se veía venir solo echando un vistazo a las redes; pasar más tiempo con la familia (53 %), ver series y películas (38 %), hobbys (30 %), practicar deporte (28 %) y leer (18 %). Además, 7 de cada 10 se han puesto horarios y establecido rutinas, y el 8% restante por lo visto no nos hemos ni planteado adaptarnos. En fin, que solo queda por saber si estas cifras seguirían siendo las mismas con un par de meses más de confinamiento, compaginando bajo un mismo techo las horas de oficina con el fitness y la merienda de los niños, aunque yo me apuesto a que nanai de la China, y que ocho semanas más y votan oficina.

Eso sin contar lo que va a durar la fiebre cocinillas, deportiva, jardinera y demás, porque aún a riesgo de quedar como una escéptica de manual, estoy segura de que en cuanto quede instaurada la supuesta nueva normalidad y se estabilice el buen tiempo, lo de los fogones y las pesas se va a ir a freír churros. Tiempo al tiempo.

Y no me refiero a los que ya lo hacían antes, claro, si no a los que lo han empezado a hacer en este confinamiento. Así que si alguien quiere apostar, que me lo deje saber por privado.

Y MIENTRAS ME LLEGAN LAS PROPUESTAS, contar que me ha hecho mucha ilusión recibir el libro solidario Codex Canini. Os valores do Camiño, escrito por Raquel Freiría, de la Asociación Apaca, con prólogo de Antón Reixa y alguna que otra foto de Iria Martínez. Un manual de buenas prácticas para peregrinar con perro y convivir con animales que todo el mundo, confinado o no, debería tener.

14 may 2020 / 13:59
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