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Una vida maestra

    El día del maestro en España se celebra en honor a San José de Calasanz, sacerdote y maestro, fundador de la primera escuela popular y gratuita en el mundo

    Posiblemente, si Miguel Ángel Buonarroti consiguió transmitir tan alto grado de genialidad y belleza a las esculturas que realizó entre los siglos XV y XVI, fue porque para él, cada golpe de cincel contenía tanto valor como la obra terminada. Según su modo de trabajar, al esculpir el mármol el artista no modela sino que descubre al extraordinario y único ser que habitaba en su interior.

    Esta idea llevada a la escuela, resulta de especial interés, por cuanto resalta la extraordinaria importancia de los maestros y la labor educativa que llevan acabo. Más aun si atendemos al significado de la raíz latina del verbo educar: ex, fuera de y ducere, guiar.

    Es decir, enseñar a los niños a conocer los valores que atesoran en su interior, a la adquisición de sus primeras capacidades intelectuales, a la correcta expresión de las mismas, y a su crecimiento y desarrollo personal en libertad.

    Asimismo, apreciaremos aún más su trabajo si tenemos en cuenta que la palabra maestro, deriva de la latina magister (el que ejerce la dirección) siendo la profesión del maestro el magisterio, o enseñanzas que inculca a sus alumnos. Y llegados a este punto es importante señalar la poderosa influencia que las incorrectamente llamadas lenguas muertas (el latín y el griego) ostentan todavía en nuestra vida.

    Así, la palabra alumno (allievi en italiano, y élève en francés) tiene su origen en la latina alere (alimentar) con el significado de elevar, o acompañar a los niños para que alcancen su mayor y mejor nivel en el aprendizaje, de manera que los conocimientos aprendidos puedan serle en el futuro de utilidad en todos los ámbitos de la vida y que al mismo tiempo redunden en beneficio del conjunto de la sociedad.

    Otra curiosidad: el término “escuela” (proveniente del latín schola) tiene su origen primigenio en la palabra griega skhole, con el significado de ocio, o tiempo libre. Y no se trata de un oxímoron (algo contradictorio con el fin de la escuela) puesto que ya el pedagogo estadounidense Nicholas Murray Butler

    –galardonado con el premio Nobel de la Paz en 1931– hacía la sugerente apreciación de que, del mismo modo que uno de los fines del trabajo es el de disfrutar tras la jornada laboral de un tiempo libre asegurado, igualmente en la escuela los niños tienen la oportunidad de aprender, de la mano de los maestros, la existencia de las reglas necesarias para la convivencia y cómo disfrutar dignamente de su tiempo de ocio a través del juego, la expresión artística, o el deporte.

    A este respecto, la gran novedad del sacerdote y pedagogo español San José de Calasanz (1557-1648) cuando en los últimos años del siglo XVI abrió en Roma la primera escuela popular y gratuita del mundo, radica, precisamente, en que mediante su modelo de escuela, a través de la enseñanza progresiva, se otorgaban las mismas oportunidades para todas las clases sociales, independientemente de su status.

    Por tal motivo podemos hablar de verdadera revolución educativa la que llevó a cabo el visionario sacerdote español, en unos tiempos en que –incluso entre ilustres ilustrados del siglo XVIII, como el propio Voltaire– se criticaba acerbamente a las órdenes religiosas que escolarizaban y enseñaban a leer y escribir a los niños pobres, en vez de enviarlos a aprender un oficio.

    Y es que Calasanz fue el primero de los pedagogos modernos en descubrir que la escuela constituye el inicial y esencial motor para la inclusión social –base sobre la que comenzó a cimentarse la democracia, superando a la sociedad estamental– y por esta misma razón mostró siempre un gran interés en la formación de sus maestros, cuya profesión calificó siempre de “muy noble, necesaria, meritoria, beneficiosa, agradable, fuertemente enraizada en la naturaleza humana, conforme a la razón y muy de agradecer por la sociedad”.

    Fue el filósofo alemán Manuel Kant quien afirmó que los seres humanos existimos como un fin en nosotros mismos, máxima que valida el proverbio latino nosce te ipsum –conócete a ti mismo– y es desde la más tierna infancia cuando comenzamos tan imprescindible aprendizaje. En este contexto, maestras y maestros desempeñan una labor fundamental, inculcando en las niñas y en los niños no solo los primeros y necesarios conocimientos, sino también fomentando en ellos la creatividad, la participación, y los valores de respeto, fraternidad y amistad social.

    En consecuencia, quiénes con más derecho, sino los docentes (ellas y ellos) pueden decir con orgullo que la suya, sí, es una vida maestra.

    02 dic 2020 / 00:00
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