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MAYO 2003

'Gallego de Mayo' para el empresario González Espina

Las redacciones de EL CORREO GALLEGO, GALICIA HOXE y la emisora Radio Obradoiro han otorgado por unanimidad el galardón de 'Gallego del Mes de Mayo' al empresario Luis Antonio González Espina, accionista mayoritario y director general de la firma ubicada en Compostela Espina Obras Hidráulicas. En sus más de treinta años de trabajo continuado en Galicia, González Espina ha cerrado un periplo en el que transformó a la compañía creada en 1989 en una de las referencias del sector, con presencia en países de todo el mundo.

Actualmente, la empresa Espina suma más de trescientos trabajadores y su facturación, según datos del cierre de 2002, supera los 26,7 millones de euros. Este es el resultado de toda una vida dedicada al trabajo en el terreno de la creación de infraestructuras hidráulicas.

El máximo responsable de esta firma llegó a Galicia en 1969 como delegado técnico y comercial para la comunidad autónoma de la multinacional Worthington, especializada en la fabricación e instalación de equipos de bombeo. Se instaló en 1971 en Santiago, y, dos años después inició su actividad empresarial bajo la denominación Montajes Espina. En este período, ejecuta instalaciones de potabilización y bombeo en gran número de municipios de la geografía gallega, así como en plantas de depuración de moluscos y cetáreas marisqueras.

Entre 1977 y 1989 se convierte en socio fundador de otra empresa dedicada a las infraestructuras hidráulicas, también ubicada en Santiago, ocupando la dirección.

El gran salto

Hace 14 años, Antonio González Espina decide impulsar el negocio y crea su propia compañía, Espina Obras Hidráulicas, que ejecutará sus proyectos en el ámbito de la obra civil —especialmente en el sector hidráulico— y la fabricación de equipos para potabilizar y tratar el agua. Lo acertado de esta decisión se constató durante la pasada década, cuando la empresa comienza a ganar dimensión y a desplegar su actividad por nuevas áreas geográficas. En 1994 establece delegaciones en Asturias, y poco después, en País Vasco, Cantabria, Castilla y León, Murcia y Andalucía.

Pero González Espina sabía que, una vez asentados los mercados gallego y nacional, debía internacionalizar su actividad. Hace nueve años, Espina daba el gran salto hacia el exterior al adjudicarse un contrato en Uruguay para la ampliación del abastecimiento de agua a Montevideo. Esta monumental obra asusta por sus cifras: tres años de trabajo y una inversión de 76,3 millones de dólares. Gracias a este proyecto, Espina ganó reconocimiento internacional y continuó su proceso de expansión exterior.

A la sucursal uruguaya (que hoy posee pedidos en cartera por más de treinta millones de dólares), se unieron entre 1996 y 1999 una en Portugal y otra en Marruecos.

En el país del Magreb, Espina ejecutó una obra faraónica: el saneamiento integral de la ciudad de Agadir, uno de los principales parajes turísticos del país norteafricano, proyecto cuya inversión ascendió a 14 millones de euros. Fueron quince meses de lucha contra la arena del desierto, que beneficiaron a los 120.000 habitantes de esta ciudad.

Plantas potabilizadoras

Junto a esta frenética actividad en el ámbito de la construcción, la firma que dirige Antonio González Espina se ha apuntado un importante tanto en el sector de la potabilización y tratamiento de aguas. Desde 1996, con la adquisición de la marca internacional General Waters, se crea una nueva división que se vuelca hacia países con carencias en infraestructuras hídricas. Kenia, Sudán o Irak, entre otros muchos, cuentan ya con plantas potabilizadoras 'made in Galicia', capaces de transformar agua de mar, turbia o con alta concentración de bacterias en un líquido que cumple con todos los requisitos exigidos por la Organización Mundial de la Salud (OMS) para el consumo humano. En Santiago se fabrica medio centenar de estas instalaciones al año.

EL PERFIL

Luis Antonio González Espina nace en Piloña, un pueblo de Asturias, en 1939. Casado y con dos hijas, entre su formación académica destaca el título de Maestro Industrial, obtenido en la Escuela de Maestría de Gijón, junto con los estudios de Peritaje Industrial, que también cursó en esta localidad.

Con domicilio en Santiago desde 1971, asegura que se siente "gallego de adopción'', puesto que su actividad profesional ha estado ligada a la autonomía desde sus inicios. Quienes lo conocen aseguran que es un "trabajador infatigable'', que no duda en emprender largos viajes por todo el mundo en busca de nuevas relaciones comerciales. Casado desde 1964, su mujer, Rosa Blanca Iglesias Junquera, ha sido, según el propio empresario, "su mejor colaboradora y un apoyo insustituible en el trabajo diario''. El matrimonio tiene dos hijas, Ana Rosa y Pilar. Esta última, licenciada en Ciencias Empresariales, ejerce desde 1995 labores de dirección en la compañía, lo que asegura, según González Espina, el relevo generacional y, por tanto, la continuidad de la sociedad.

Entre las aficiones del empresario destaca el tenis, válvula de escape de su duro trabajo.

07 dic 2020 / 23:06
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