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PATRICIA HERMIDA TORRENTE / Periodista

Rumores

En 1976, los Fleetwood Mac grababan el disco definitivo del desamor. Stevie Nicks rompía con su pareja Lindsey Buckingham, Christine McVie dejaba a su marido John McVie por un técnico de sonido... Y al pobre Mick Fleetwood lo engañaban su esposa y su mejor amigo. Semejante desbarajuste emocional daba lugar a Rumours, superventas con cinco millones de copias en Estados Unidos: un combinado de corazones rotos y cocaína. Hasta tal punto que los cinco integrantes de la banda de rock pensaron seriamente en incluir a su camello entre los agradecimientos. Moraleja: el caos es el mejor aprendizaje en esta vida. Y en esas marejadas emocionales (sin drogas), nada el periodista desde que pisa la facultad hasta que pasan 20 años y asienta (o no) la cabeza.

Si hablamos de rumores, todo lo que usted piense sobre la vida del reportero es cierto... pero en pobre. Peleas con los políticos, malestar con las empresas ofendidas, compañerismo, antagonismo: salseo del bueno. Como en la película de Vincente Minnelli, todos los periodistas acabamos cautivos del mal. Sin el oropel de Hollywood, con muchos sinsabores... pero enganchados a la profesión. A muchos de los licenciados en aquella compostelana Facultade de Xornalismo de 1999, el aguijonazo nos llegaría en las prácticas de verano. Entre las más cotizadas, figuraban las de EL CORREO GALLEGO: allí pagaban a los becarios nada menos que 50.000 pesetas de la época al mes. Pero yo aún tardaría cuatro años en llegar a esta casa: me esperaba aún un largo caminar de bolsera por 30.000 pesetas en Vigo, redactora para todo en teles locales (gran escuela para manzanillas de Ferrol)... Y una relación paralela con RNE, que a día de hoy continúa en pie.

Mi alianza con este periódico ha pasado por tantas subidas y bajadas como la noria de la Ascensión. Aterricé como redactora de Ferrol y comarcas, en aquella Galicia previa a la crisis económica: inauguraciones de obras a toda mecha con el puntualísimo Fraga y su delfín Cuiña, pinchitos en los actos y otros sonrojantes agasajos a la prensa, buenos sueldos en los medios de comunicación, Xaime Bello en la ciudad donde siempre hacía buen tiempo... Y continúo 17 años después, tras pasar una gravísima debacle financiera (y con otra en las puertas), en una comarca mil veces tomada por el paro y las manifestaciones, y con las condiciones laborales en nuestro sector a ras de suelo.

¿Por qué engancha entonces esta bendita y a la vez vilipendiada profesión? Por el caos. Por el conocimiento. Incluso por el absurdo. Y por cierto espíritu de aventura, liberado en la escritura y en las conversaciones con desconocidos gracias al periodismo. ¿Cuántas veces nos habremos planteado muchos sacarnos una oposición para convertirnos en aburridos pero eternamente pagados funcionarios? Podríamos seguir buscando esas aventuras en la vida. Pero con el periodismo las tenemos por partida doble: en la calle y en el trabajo. Lejos de aquellos reporteros de Howard Hawks o Fritz Lang, pero con la misma incertidumbre sobre la página y la cuenta corriente de mañana. ¡Ah, el abismo! Y de vez en cuando aún surge la magia. Una magia terrible como un rayo, que llega para compensarlo todo.

Para bien o para mal, esta profesión hay que vivirla tirándose al barro. En mi humildísimo caso, puedo contar que crucé la debacle del naval con mi compañero convertido en uno de los más de 4.000 despedidos. Bailé a fondo sobre la noche ferrolana para escribir aquellas resacosas páginas de verano. Y en la tragedia del coronavirus, redacté un diario del confinamiento encargado por José Antonio Pérez: la mejor terapia que pude imaginar para el encierro con mis mellizos y para despedirme de mi padre. Antonio Hermida García fue un hombre feliz porque hizo lo que quiso, sin hacer daño a nadie. Con esa filosofía he podido trabajar en EL CORREO GALLEGO, intentando aplicar un lema dificilísimo heredado de mi padre: caminar lejos de los poderosos. Y con el regalo de una libertad suprema, al más puro estilo del Vive como quieras de Frank Capra. O como cantaban los Fleetwood Mac: Go your own way.

16 jun 2020 / 00:54
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