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Estrés oxidativo

Las células de nuestro cuerpo se pertrechan de energía gracias a unas pequeñas organelas que residen en su interior llamadas mitocondrias. Se piensa que tales mitocondrias son en realidad bacterias que en su día –hace millones de años- se colaron dentro de células primitivas a través de sus membranas –cre-creeeck-Poing!- y, escapando de algún modo a la digestión intracelular se estableció un pacto simbiótico entre ellas: las mangallonas de las células darían cobijo y cuidados maternales a las desvalidas mitocondrias y éstas, en contrapartida, fabricarían ingentes cantidades de energía metabólica además de generar calorcito residual... fantástico, ¿no?

Este “fichaje estelar” por parte de las células primigenias ha demostrado ser todo un acierto, a través de las eras, más teniendo en cuenta que las bacterias con las que coqueteaban (ahora mitocondrias) eran capaces de aprovechar con suma eficacia los distintos sustratos energéticos que le fuesen llegando, muy especialmente hidratos y grasas; y conseguían dichos artificios gracias a un mecanismo que utiliza el oxígeno molecular –un gas que por aquellas se estaba poniendo de moda- para permitir la “chispa vital”, o “respiración celular”, la cual permitiría que la vida se abriese camino mediante el ensamblaje de los primeros seres pluricelulares... ¡Ay! Lástima que el único inconveniente, acerca de este sistema tan molón de producción energética, fuese la “pequeña fuga colateral” de compuestos oxidantes que tenía lugar en la periferia de la mitocondria, a cada rato, en forma de radicales libres.

Los radicales libres son moléculas inestables y altamente reactivas que destrozan todo allá por donde pasan: proteínas, membranas, grasas, ADN, etc. Si no hubiese nada que los detuviese, el daño generado sería irreparable, pues los radicales libres se propagan a la velocidad del rayo vallecano mediante sucesivas reacciones en cadena, es decir, un solo radical libre es capaz de generar otros tantos de miles, de sus compatriotas, en un chasquear de dedos... Chac!

Curiosamente, el cuerpo genera ingentes cantidades de radicales libres cada día como subproducto de la respiración celular, pero no como aberración sino formando parte de sus rutinas fisiológicas; tanto es así, que entre el 3 y el 5% del oxígeno utilizado por las mitocondrias en la producción energética, cada día, en vez de convertirse finalmente en agua y dióxido de carbono (como se hubiese deseado) se transforma en radicales libres.

Para defenderse de esta situación oxidante –y amenazante- el cuerpo ha previsto un par de mecanismos. Por un lado, fabrica una batería completa de enzimas de marcado talante antioxidante como es el caso de la glutatión peroxidasa, la catalasa o la superóxido dismutasa. Dichas enzimas son capaces de convertir estos malvados radicales libres en compuestos inocuos. Además, el cuerpo se apoya también en múltiples vitaminas y sustancias antioxidantes que le llegan a través de los alimentos, con el fin de detener en seco –o mejor aún, prevenir- las posibles reacciones oxidantes en cadena que los radicales libres pudieran haber iniciado.

Por eso es crucial aportar muchos y variopintos antioxidantes a través de la dieta con alimentos frescos y naturales muy especialmente frutas y verduras. Los antioxidantes más conocidos por el gran público son la vitamina C de la naranja, la vitamina E del aguacate, el licopeno de los tomates y el betacaroteno de la zanahoria... cada uno de ellos especializado en neutralizar a un tipo en concreto de oxidante. Sin embargo, lo que la mayoría de la gente no sabe es que el aporte mayoritario de los antioxidantes dietarios proviene de los llamados “compuestos fenólicos” o “polifenoles”, de los que trataré en profundidad en un próximo libro. A modo de golosina añadiré que estos polifenoles provienen en exclusiva del mundo vegetal, he aquí la importancia de papear ingentes cantidades de alimentos “en crudo”, ¡muy especialmente frutas! Se estima que una persona que se zampe medio kilo de fruta al día estará aportando a su organismo más de 1 gramaco de polifenoles (entre ácidos fenólicos, flavonoides y taninos) cosa que le vendrá de perlas para prevenir de un plumazo 3 de los 7 grandes males que asolan nuestra era: léase inflamación, acidosis y oxidación. Lamentablemente, a la mayoría de la peña le cuesta llegar a unos míseros 100 milígramos, de tales compuestos... y es cuando el envejecimiento acelerado campa a sus anchas.

Pero oiga, que no todo es vandalismo -ni anarquismo- cuando hablamos de radicales libres. De facto, hacer ejercicio –cosa harto salutífera- genera ingentes cantidades de oxidantes. Lo que ocurre es que dicha producción exacerbada de radicales, durante la práctica deportiva, se ve compensada acto seguido con una producción endógena –propia- de las enzimas antioxidantes, y este efecto protector (a diferencia del pico oxidante intra-ejercicio) se mantiene a lo largo de varios días después de tales prácticas. Además, no siempre los radicales libres actúan de manera desordenada y caótica, sino que su efecto destructivo se puede dirigir de forma muy provechosa por parte de nuestras células blancas defensivas, para atacar virus y bacterias y conseguir acabar con ellas (es la conocida como “llamarada respiratoria”, que fríe a todo bicho viviente). En otras de las ocasiones, los radicales libres actúan como mensajeros ínter-celulares, posibilitando que las células se comuniquen las unas con las otras y/o se transmitan los impulsos eléctricos; o permiten que los vasos sanguíneos se relajen y expandan –creeeeckk- permitiendo el flujo sanguíneo. ¿Qué es el óxido nítrico, sino un radical libre? ¡Ja!

Dicho lo cual, hay que diferenciar entre la producción fisiológica de radicales (necesaria, adecuada y proporcional) y el despiporre llamado “estrés oxidativo”, una situación patológica donde la producción de radicales libres desborda los mecanismos compensatorios –antioxidantes- de nuestro cuerpo, viéndose éste incapaz de frenar o reparar el daño causado. Muchas de las veces, somos nosotros mismos los que nos provocamos dicha corrosión:

Comiendo más de la cuenta. Las digestiones pesadas, además de generar dispepsia e inflamación intestinal, son generadoras masivas de radicales libres.

El libertinaje en el beber y fumar. Con cada bocanada que le damos a un cígar, le estamos metiendo un billón de radicales libres que después deberemos contrarrestar adecuadamente, pero lo tenemos crudo porque cada truja fumado destruye unos 20 miligramos de vitamina C. Asimismo, pasarse con el bebercio genera estrés oxidativo e hígado graso.

El inmovilismo. Las mitocondrias de las personas sedentarias no solo se atrofian y producen muy poca energía, sino que generan muchíííísimos más radicales que unas mitocondrias en plena forma.

La obesidad. La lipoinflamación, que es la inflamación característica de los obesos, es una fuente “interminable” de radicales libres. El sujeto lipoinflamado es presa de un gran estrés oxidativo, fomentado en gran parte por los químicos que secreta el tejido adiposo conocidos como “adipoquinas” (vistos hace poco) lo que origina que los obesos envejezcan a una velocidad estrepitosa.

Claro, ante tal tesitura, y como a nadie le hace gracia sufrir en sus propias carnes los temibles efectos erosivos de la oxidación, es muy tentador cortar por la vía fácil y salir “escopetado” a comprar un par de frascos-carrascos de antioxidantes híper-concentrados, ¿a que sí? Pero no vayamos tan rápido, porque los polivitamínicos tradicionales no funcionan así, a bote pronto. Piénsese que dichos suplementos carecen de las sinergias originales propias de los antioxidantes naturales, presentes en los alimentos. Los antioxidantes deberían aportarse en su matriz original, hidratada, para ejercer todas sus sinergias, y por lo tanto resultar provechosos: al venir en un formato deshidratado, pueden generar altos grados de acidez metabólica ¡sobre todo a nivel de los riñones! Obsérvese el color del pis, pasadas dos horitas del consumo polivitamínico: de color naranja-nuclear y más caliente que el radiador de mi coche. Ojo-ojito. [Continuamos el próximo finde].

EL OBJETO DE ESTE ARTÍCULO ES SÓLO ORIENTATIVO. CONSULTA CON TU MÉDICO Y/O ESPECIALISTA CUALQUIER CAMBIO EN TU DIETA O ENTRENAMIENTO

12 dic 2021 / 01:00
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