Cuando Xelmírez trajo el agua a Compostela

La construcción del acueducto se debe al primer arzobispo Diego Xélmirez, uno de los grandes modernizadores de Santiago

El acueducto de Ponte Mantible está ubicado en el barrio de Vite

El acueducto de Ponte Mantible está ubicado en el barrio de Vite / Archivo

Si pensamos en Segovia, lo primero que se nos pasa por la mente es su acueducto. Con todo, no tenemos que escaparnos tan lejos para ver uno, pues Santiago todavía conserva en buen estado parte de su acueducto medieval, que fue clave para el abastecimiento de la ciudad hace ya nueve siglos.

Ubicado en el barrio de Vite y conocido como acueducto de Ponte Mantible, su construcción se debe a Diego Xelmírez, el que fue el primer arzobispo de Compostela.

Corría el siglo XI y por aquel entonces la ciudad se encontraba sobrepasada, pues no tenía los servicios mínimos necesarios para abastecer a una población cada vez mayor ni tampoco para hacer frente a la llegada masiva de peregrinos y mercaderes.

En este contexto, el agua era la problemática más urgente, pues su abastecimiento llegaba a pocos usuarios a pesar de los surtidores que se habían colocado.

Ante esta situación, Xelmírez, aconsejado por el maestro Bernardo, hizo construir un acueducto que trajese agua desde el monte de Vite. Nacía entonces el primer gran sistema de canalizaciones de la ciudad.

Dicha canalización se realizó en la parte norte de la ciudad sobre el antiguo acueducto de la época del obispo Sisnando I.

La Fonte do Paraíso

Esta construcción histórica tenía su origen en los manantiales de Chan de Curros y Fonte Branca y discurría a través de Ponte Mantible hasta el convento de Santa Clara, en donde la red se bifurcaba en dos ramales.

El primero de ellos entraba en la ciudad por la Porta da Pena para alcanzar después las rúas de San Miguel, Moeda Vella, Acibechería y el Obradoiro. Es precisamente en la Acibechería donde se encontraba la Fonte do Paraíso, el punto de destino de este ramal y la fuente más antigua de los manantiales monumentales de la capital gallega.

La segunda, por su parte, se orientaba hacia la Atalaia y, tras entrar en la ciudad por la Porta de San Roque, se dividía de nuevo al llegar a la plaza de Cervantes. Mientras uno de los ramales continuaba hasta el Convento de las Mercedarias, el otro bajaba por la Acibechería hasta conectar con el ramal anterior.

Finalmente, fue el 11 de abril de 1122 cuando concluyó la construcción, logrando que el agua llegara de forma abundante hasta el centro de la ciudad. Ese mismo día se inauguró además la Fonte do Paraíso.