La historia detrás de Galican: “Anuk me cambió la vida”
Conocemos a la empresa gallega que se ha convertido en marca líder en el mundo para obstáculos de Agility
Jaime Otero: “BBVA confió en nosotros desde el principio y nos ayudó a empezar de cero. Cuando te digo cero es cero”

Jaime Otero, cuando todavía competía, durante una prueba de Agility. / CEDIDA
B.C
A Jaime Otero no le tocó la lotería, pero casi. Cuando en 2012 no dudó en poner base, nombre y colores corporativos gallegos a su empresa, aún no sabía que Galican acabaría por convertirse en la marca líder en el mundo para obstáculos de Agility y proveedora oficial del Mundial y el Open Europeo de este deporte canino que no deja de ganar adeptos.
“La marca viene de Galicia y Can, pero claro la mayor parte de nuestros clientes no lo sabe. De hecho, lo pronuncian Galícan”, introduce Otero con humildad y desparpajo una de esas historias que llegan de cuando en cuando — y menos mal— para demostrarnos que aquello de que “de las crisis surgen oportunidades” es mucho más que una frase hecha.
Tres años antes, en 2009, a Jaime acababan de subirle la hipoteca y, al igual que tantos españoles tras la crisis de 2008, pasaba por dificultades económicas. “Me pasaba el día amargado y encerrado en casa para no gastar”, relata cómo llegó a su vida Anuk, una jack russell terrier. [— ¿Cómo has dicho que es la raza? — “Jack Russell, la misma que Pancho, la del perro de la lotería”, nos ubica].
"Le pedí que me hiciese obstáculos para entrenar. Me encontré con que la gente empezó a comentar los vídeos que subía a Facebook, a interesarse por mis entrenamientos y por los obstáculos, a preguntarme si los podían comprar"
Y Pancho no sabemos, pero Anuk resultó ser muy inquieta, “echaba carreras por los pasillos del piso, no paraba” y por eso Otero se decidió a buscar algo que respondiese a su necesidad de actividad. Fue así como entró en el Agility, un deporte canino al alza en el que los perros recorren un circuito lleno de obstáculos.
“Como mi padre, José Manuel, estaba en paro, le pedí que me hiciese obstáculos para entrenar. Me encontré con que la gente empezó a comentar los vídeos que subía a Facebook, a interesarse por mis entrenamientos y por los obstáculos, a preguntarme si los podían comprar”.
La financiación, clave para crecer
“Vimos que por fin alguien creía en nosotros. A mí me decían que no me iba a dar para vivir, ahora somos 50 trabajadores, hay 50 familias viviendo de esto”
La cosa fue creciendo y llegó ese punto que frustra el desarrollo de tantas buenas ideas, en el que el crecimiento potencial de la empresa supera sus capacidades de financiación: “Preguntamos en varios bancos y nos dijeron: “¿Pero tú…?”, se ríe al rememorarlo Jaime y añade: “Nadie sabía lo que era el Agility, nos cerraron las puertas en todos lados hasta que encontramos a BBVA, que confió en nosotros desde el principio. Les consideramos nuestros socios por decirlo de alguna forma porque nos ayudaron a empezar de cero, y cuando te digo cero es cero, con cero euros en el banco”.
“Si me hablases de otro banco, no te puedo decir esto, pero sí te lo puedo decir de BBVA. Fue muy importante en la historia de la empresa”, retoma Otero, que pone en valor el consejo financiero y el apoyo económico, pero también moral, que le prestó la entidad, primer banco de España que ayuda sin coste a crear una empresa para fomentar el emprendimiento.
“Vimos que por fin alguien creía en nosotros. A mí me decían que no me iba a dar para vivir, ahora somos 50 trabajadores, hay 50 familias viviendo de esto”, comenta el CEO de la empresa, que actualmente exporta a más de medio centenar de destinos entre los que se cuenta Inglaterra, Estados Unidos, Canadá o Australia.
"Carolina me decía: ¿Te imaginas viviendo juntos y viajando de competición y competición? Ahora es lo que estamos haciendo”
Pero esto no fue todo, porque en esta vida no todo es trabajar: “Espera, que falta una parte de la historia que te va a gustar”, dice Jaime y tiene razón: nos gusta. Porque fue también gracias a Anuk como Jaime conoció a quién hoy es su mujer, Carolina, que por aquel entonces residía en Uruguay: “Ella tenía dos Jack Russell y se puso en contacto conmigo para que le ayudase a entrenarlas, empezamos a hablar, pero la cosa se quedó ahí”.
Al cabo del tiempo, ambos retomaron el contacto y Jaime acabó viajando hasta su país de origen para dar un curso de Agility: “Fui 15 días y acabé un mes allí y porque no podía más. Carolina me decía: ¿Te imaginas viviendo juntos y viajando de competición y competición? Ahora es lo que estamos haciendo” .
¡Al final sí que va a ser verdad que era el perro de la lotería!: “Anuk me cambió la vida, me sacó de casa cuando casi no salía, me enseñó que hay muchas más formas de disfrutar que salir de cañas”, dice y, ahora sí, se despide, dando las gracias a José Manuel y Maricarmen, sus padres, y a Carolina, su mujer, porque tampoco sin ellos, dice, esta historia habría sido posible.
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