El Correo Gallego

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LOS DEBATES DE LA NUEVA GALICIA

Demonios y pueblos de costa que hoy no quieren ser mediterráneos

Ánxel Viña, el último en llegar, habla del fantasma que amenaza con callar la voz de Serrat y un Mediterráneo que se niega a sí mismo // Felipe Peña aprovecha el guante y avisa del peligro que corren las zonas del litoral

POR XABIER SANMARTÍN C.   | 29.10.2006 
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Ánxel Viña, urbanista y responsable de Oficina de Planeamiento SL, llega el último al coloquio y es quien alarga más cada intervención. Le sigue a distancia Xosé Crespo, presidente de la Federación Galega de Municipios e Provincias, y luego Ramón Lueje, director xeral de Urbanismo, que abre y cierra un billar de palabra a cinco bandas donde Felipe Peña, presidente de la Comisión de Cultura del Colexio Oficial de Arquitectos de Galicia, y José Otero Pombo, constructor responsable de Construcciones Otero Pombo, son quienes gastan menos taco verbal.

Nadie los ha invitado pero el fantasma del demonio y el aura de Serrat también se suman al coloquio, es lo que tiene poner la vivienda por las nubes, que brotan okupas imprevistos.

"Cando poñemos o foco sobre unha realidade (o urbanismo] que estivo escurecido, porque non houbo preocupación, descubrimos mediterráneos...", cuenta Viña. Hoy no está el Mediterráneo para cantes, lógico que Serrat opte por crear vinos.

Muchos deseamos que nuestra niñez siga jugando en la arena de ese Mediterráneo brioso llamado Cantábrico, Atlántico. Los nuevos y los viejos inquilinos de la Xunta, los alcaldes, técnicos, arquitectos y constructores también tuvieron infancia, han de recordarlo. Peña subraya que el territorio es escaso y que los 500 kilómetros de costa gallega "están en el mercado". Un lapsus le lleva a decir "500 metros"; ¿intuye Peña por donde van los cemento y cimentos del futuro?

"Non hai urbanismo sen poder local...", sentencia Viña. La frase la firman, con algún matiz, todos los presentes. Lueje añade palabras como "control y gestión".

Mientras, Peña lamenta la escasa presencia de técnicos en los gobiernos municipales; en ese sentido, "es conocida la anécdota sobre la Diputación de Lugo, que no tiene en plantilla ni un arquitecto". Ojo, hay técnicos alrededor de varias marbellas del sur. Los fantasmas subrayan en rojo el binomio control y gestión, que dice Lueje. Otero Pombo habla de ciertos espaldas mojadas del poder local, de funcionarios con puestos de responsabilidad en tercer plano y que, a veces, parecen gozar poniendo piedras al camino. Completa el discurso aludiendo a otras trabas: "... entre a administración local e a Xunta hai normas que se interfiren, que parecen ir en contra dos obxectivos que se perseguen..." .

Crespo es de los pocos que pone un dato sobre la mesa. Completa la alusión de Peña al número de técnicos, cifrando en torno al "3 por cento" el número de ayuntamientos gallegos asesorados por un técnico en urbanismo. Además, critica a la prensa, asegurando que su nivel en urbanismo es bajo, frase que huele a anhelo de reavivar la táctica de que sean los mensajeros quienes carguen con un saco de culpas. También cita el clima de demonización que rodea al mundo del urbanismo, un aura que ronda a alcaldes y concejales, de modo que "ás veces pagan xustos por pecadores, porque en urbanismo faise moita demagoxia, sobre todo dende a oposición, esté quen esté...", comenta, y señala también al ciudadano de a pie: "Nin sequera ten a mínima sabiduría en materia e coñecementos urbanísticos polo cal é fácil, entre comiñas, de manipular...". Vaya, otros cargando culpa, quizá convenga recordar que no hay que saberse la ley para estar obligado a cumplirla y para estar legitimado a su amparo.

Otero Pombo alude al peligro de un posible exceso de normas y a la necesidad de más participación ciudadana, de impulsar la cultura del debate. Lo que me lleva a pensar en Carlos Castresana, fiscal del Tribunal Supremo, que no está en el coloquio pero que habló esta semana en la Universidad de Barcelona en estos términos: "Hay que transmitir a la gente que las instituciones son suyas, y que para que funcionen deben estar encima, no basta votar cada cuatro años".

"Mi cuerpo será camino...", dice el tema de Serrat y añade... "le daré verde a los pinos", segunda frase de un himno que algunos quieren ignorar. No es lo mismo el prado de un campo de golf que esa costa fileteada de bosque gallego donde algunos estuvimos arrancando lodo para todo menos para sustituir el chapapote por un paisaje de ladrillo. Galicia espera su canción.

DECORADO

Corbatas, almendras y tragos

Una mesa cuadrada cercada por unos sofás dispuestos en forma de ele trazan el escenario del primer punto de encuentro dentro del hotel AC Palacio del Carmen. Un libro sobre la pintura de Cezanne y una revista de vinos sestean a la vera del primer invitado en llegar, José Otero Pombo.

Al rato llegan Felipe Peña y Xosé Crespo. Varias tónicas salpican el cristal de una mesa que ahora tiene por lunares unos platillos con almendras. Ese fruto seco es bueno para los músculos, aporta las calorías necesarias para el ejercicio. Hablar también cansa, sobre todo si se plantea como un coloquio para sostener ideas, y es el caso de hoy, aunque al intercambio de pareceres le acabará faltando esa viga que tanto ayuda a la construcción del debate... el roce, la chispa de la discusión para abrir nueva ventana. El segundo meeting point (conviene airear que cada día hay más congresos internacionales en Santiago) se fija en el salón que alberga la mesa con microfonía, aguas, carpetas y demás andamiaje. Hablarán cinco voces, pero falta Ánxel Viña para completar esa mano plural... ahí llega, el único sin corbata, quién sabe si es porque sigue la moda casual o debido a un perro de las prisas que le muerde el vestuario habitual. Los invitados tienen un lápiz que da leve aire ecologista a los dedos de todos menos a los de Otero Pombo, que saca su propio bolígrafo para trazar las pautas del discurso. Ni él ni Lueje prueban el agua de que disponen, quizá sea una nueva táctica para evitar la posibilidad de que brote la sorpresa de un mal trago .