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celtas sin filtro

LUIS POUSA

Suelen ser muy duras

08.02.2008 
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El transporte por carretera es un sector muy atomizado, en el que la competencia desleal está a la orden del día, y sometido, además, a las contingencias derivadas del mercado del petróleo. En ese espacio abigarrado y en cierta medida selvático, resulta evidente que las grandes superficies y los grupos de distribución se encuentran en mejor posición que los transportistas para marcar a la baja los precios de los transportes de mercancías.

En buena lógica, por tanto, una de las maneras de superar esa desventaja consiste en que los camioneros, dicho en sentido coloquial, se agrupen y conformen un colectivo lo suficientemente dimensionado como para poder llevar a un punto de equilibrio las negociaciones con los distribuidores, pero también lo suficientemente cohesionado como para reducir al mínimo el número de acuerdos por detrás efectuados a título individual por cada transportista. Que de todo hay en esa frondosa viña.

Así las cosas, esa competencia feroz hace que las condiciones laborales de los conductores dejen mucho que desear. Para mayor perjuicio de los asalariados, ocurre que la atomización del sector en nada les ayuda a mejorar sus condiciones de trabajo, empezando por la cuestión de los horarios, ampliamente rebasados por muchos de los transportistas autónomos.

El caso es que visto desde la perspectiva de funcionamiento del mercado, cada uno de los actores tiene sus razones para actuar como actúa. Y mucho más, cuando un rasgo definitorio de ese enorme colectivo es la desconfianza generada por la deslealtad entre ellos mismos. Con la consecuencia de que todos pierden más que ganan.

En parte, y desde una perspectiva estructural, esa situación laberíntica tiene bastante que ver con el sistema español de transportes, dependiente en exceso de la carretera, y muy desequilibrado en lo que se refiere a la utilización de otros medios como el ferrocarril, la aviación y el cabotaje. Probablemente, la intermodalización del transporte -las autopistas del mar van en esa dirección- ayude a introducir cambios para mejorar el transporte de mercancías por carretera. Diga lo que se diga, necesitado de una reordenación que ponga a cada uno de los actores en su sitio, con sus derechos y obligaciones, pero cada uno cumpliendo sus compromisos.

El panorama descrito explica en gran medida por qué las huelgas en el sector del transporte suelen ser muy duras, y la actuación de los piquetes rayana en la violencia con quienes no se pliegan a sus acciones -un ejemplo recurrente, lo tienen los camioneros españoles en cómo se las gastan sus colegas franceses cuando se ponen a ello-.

Dado que las huelgas de los transportistas suelen planearse estratégicamente como una batalla, la planteada por la Plataforma para la Defensa del Sector del Transporte de Mercancías por Carretera está dirigida a desabastecer los centros de almacenaje y distribución, a fin de provocar "desabastecimiento para humanos y ganadería". Con lo cual los ciudadanos nada tienen que agradecerle por el detalle, aún aceptando que sus reivindicaciones puedan ser justas. Y la agresión sufrida por un camionero en la A-6 es una barbaridad, de la que no pueden desentenderse quienes portan piedras, objetos punzantes y hasta armas. Así, no hay razón que valga.