Martes 24.03.2009
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En Galicia, las primeras carreteras (calzadas) empezaron a construirse hace aproximadamente 2.000 años, de mano del emperador Octavio. La vía más extensa de toda la red fue la XIX, que unía las capitales de los Conventos Jurídicos de la Gallaecia, que eran Brácara Augusta (Braga) y Astúrica Augusta (Astorga), atravesando Lucus Augusti (Lugo). Mientras la Vía XX se convertía en una calzada costera entre A Coruña y Lugo. A su vez, la construcción de las vías romanas en la Gallaecia, propiciaron (como el ferrocarril en el Oeste americano) el establecimiento de nuevos asentamientos a su vera, que irían adquiriendo importancia como núcleos poblacionales y centros económicos, caso de Tude (Tui), Aquis Celenis (Caldas de Reyes) o Iria Flavia (Iria). Además, las calzadas romanas no sólo sirvieron a los intereses del Imperio. De este modo, la Cabaña Real, por la que transcurrieron (e incluso aún transcurren) en España los ganados de ovejas de la Mesta, utilizó para la transhumancia, la red viaria romana. El propio Camino de Santiago, a su paso por Aragón y Navarra, utiliza muchos kilómetros de una antigua vía romana, y muchas carreteras actuales conservan bajo su asfalto el pavimento de antiguas vías del Imperio.
Y es que las calzadas romanas, fueron el eje principal sobre el que el Estado Romano articuló su imperio, y unió las capitales de los diferentes Conventos Jurídicos, las capitales de provincia de la época romana. Las más importantes vías fueron las militares, establecidas bajo el punto de vista estratégico y para facilitar el movimiento de las tropas. Medían 3,5 metros de ancho y estaban construidas con extrema solidez. Se componían de una capa muy fina de arena y cuatro de mampostería, cubiertas de una especie de betún mezclado con cascajo, o empedradas con piedra berroqueña, lava basáltica, etcétera. Las dos orillas estaban cerradas con paredones de poca altura. Todas las vías, (de ahí el dicho: "Todos los caminos llevan a Roma") partían de la capital del imperio, conservando en la medida de lo posible la línea recta. Los pantanos, lagunas y ríos eran salvados por medio de calzadas auxiliares, así como viaductos y puentes.
De este modo, las jornadas celebradas en Pontevedra, han servido para recordar la función social de la Arqueología, no sólo por la investigación que esta ciencia realiza acerca del conocimiento de nuestro pasado más remoto, sino también porque es un potente motor de dinamización cultural y económica. De ahí la importancia del Proyecto Vías Atlánticas, un nuevo itinerario (vía) turístico-cultural orientado al desarrollo e intercambio de experiencias entre Galicia y Portugal. Y en este propósito, un nexo común, el arqueológico, está sirviendo de vehículo, no sólo para rescatar un pasado común entre ambas euro-regiones, sino, para sobre él, edificar un sólido proyecto ( en realidad, una nueva vía de comunicación, acorde a nuestra sociedad global) que supera cualquier frontera de Estado o nación.
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