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ODISEA

Un holandés pierde diez kilos tras patear 2.000 km de Camino

Martin Breukers comenzó su aventura hace tres meses en compañía de su fiel poni, que llegó a Compostela casi en los huesos // A su llegada a Compostela regaló a 'Sjonnie' a la Asociación el Caballo Acoge, para niños con discapacidades

REDACCIÓN • SANTIAGO   | 31.07.2008 
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Martin Breukers llegó ayer a Compostela junto a su poni ‘Sjonnie’, fiel acompañante en su peregrinaje

Con diez kilos menos y su fiel acompañante restando a su peso nada menos que 65, Martin Breukers llegaba ayer a la meta del peregrinaje, Compostela, con su fiel poni. Detrás quedan tres meses de duro camino, que hicieron que este empresario holandés se plantease en más de una ocasión regresar a su casa y abandonar la aventura. "Estoy muy emocionado por estar aquí, delante de la Catedral por fin", declaraba ayer a este diario el peregrino errante, tras caminar nada menos que cerca de dos mil kilómetros. Eso sí, también advirtió que "no estoy dispuesto a caminar ni uno más".

Y es que en los tres meses de viaje acompañado de Sjonnie, un pequeño poni de seis años que arrastraba un pequeño carrito, tuvo que enfrentarse no sólo a la adversidad meteorológica, con cuatro semanas seguidas de lluvia en su trayecto entre Francia y Bélgica, sino también a la imposibilidad de dejar a su caballo guarecido por las noches. "Tuve que ingeniármelas y buscarme la vida", relata Martin. "En una ocasión vi una nave vacía y abrí la puerta de una patada, allí pasamos la noche".

Sin embargo, tuvo más suerte al llegar a Arzúa, donde un trabajador de una gasolinera le ofreció su vivienda para pasar el día. "Tenía un gran jardín y una piscina. Mi pequeño poni por fin pudo descansar y disfrutar del campo y yo aproveché para hacer unos largos, además de comer muy bien".

Lo curioso de esta historia es que no sabe por qué la empezó.

La clave

"Me da pena dejarlo pero volveré a verlo"

A pocos kilómetros de llegar a Santiago, un sobrino de Martin le explicó que había una asociación que ayudaba a niños con discapacidad a través de la hipoterapia. Así, no dudó en dejar a la Asociación el Caballo Acoge a su pequeño Sjonnie. "Sé que queda en buenas manos, aunque me da pena marcharme sin él. Volveré en primavera para verlo", promete .