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Cortarse la melena por las enfermas de cáncer

Hasta 80 coletas han salido de una peluquería de San Lázaro para 'Mechones Solidarios', una asociación que hace pelucas para las pacientes oncológicas sin recursos // Más de 60 salones gallegos se han sumado al proyecto

La peluquera compostelana Patricia Vilas Fernández se sumó a la campaña 'Mechones solidarios' hace año y medio. - FOTO: ECG
La peluquera compostelana Patricia Vilas Fernández se sumó a la campaña 'Mechones solidarios' hace año y medio. - FOTO: ECG

ELVA OTERO. SANTIAGO  | 01.02.2017 
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“Hay clientas muy sensibilizadas. Vienen a donar pelo porque tuvieron un caso de cáncer en la familia y quieren hacer algo”, cuenta a elcorreogallego.es la peluquera compostelana Patricia Vilas Fernández. Hace año y medio se sumaba a Mechones Solidarios, una campaña impulsada desde Málaga para hacer pelucas destinadas a las enfermas de cáncer con pocos recursos. De su negocio en San Lázaro han salido ya 40 coletas rumbo a Andalucía y tiene otro paquete similar listo para enviar. “No en todas las localidades existen peluquerías que participen en el proyecto y me llega pelo desde diferentes puntos de Galicia, en particular desde Lugo”, explica.

A la hora de confeccionar un postizo, poco importa que el pelo sea natural, teñido, liso o rizado. La única exigencia es que alcance los 20 centímetros, el mínimo necesario para montar la peluca. Siempre limpio y seco, se aconseja guardarlo en trenzas o en coletas. “Las que vienen a donar casi siempre son chicas de entre 20 y 30 años. A veces llegan simplemente para hacerse un cambio de look y, en lugar de tirarlo, lo regalan”, continúa Patricia. “También existe un público muy concienciado que deja crecer el cabello para donarlo después”, añade. Es un gesto solidario, pero también sirve para ahorrar porque la tarifa estándar establecida en las peluquerías adheridas no supera los cinco euros. Aunque son los menos, al establecimiento de San Lázaro se ha acercado también algún varón para poner su granito de arena. “Tuve solo uno. Es normal porque suelen llevar el cabello más corto”, justifica.

Patricia se unió a Mechones Solidarios poco después de poner en marcha su negocio. Algo había oído del tema y se puso a buscar información en Internet. “Fui de las primeras. Luego empezó a apuntarse más gente”, recuerda. En todo el sur de España, el área de influencia del proyecto, la idea echó raíces enseguida. Al norte le está costando más llegar. En Compostela, hay otro centro suscrito. En Galicia, la lista asciende a 64 salones.

Una vez en Málaga, el cabello se somete a diferentes tratamientos. Se desinfecta, se hidrata y se seca para, posteriormente, cardarlo y separar los distintos largos. Después se confecciona la base de la peluca y se monta. Gracias a las donaciones, el gasto de fabricación se reduce entre un 60% y un 80%. Un postizo estándar oscila entre 600 y 1.500 € y, si es a medida, se necesitan de 1.200 a 2.500 €. Asociación sin ánimo de lucro, Mechones Solidarios no vende sus creaciones, las entrega gratuitamente a mujeres y niñas que pierden su pelo como consecuencia de la quimioterapia. Si superan el umbral de ingresos establecido, se entregan a un precio muy reducido.

Detrás del proyecto se esconde una historia de profundo dolor y pérdida, de esas que se escriben lentamente en la gélida sala de un hospital. Nidia tenía una fábrica de pelucas en Argentina. Se mudó a España y, al poco tiempo, le diagnosticaron un cáncer de mama. Familiarizada con el oficio como pocos, se hizo su propio postizo. Era precioso, parecía auténtico y en las sesiones de quimioterapia la contemplaban con envidia. Todos se preguntaban cómo un tratamiento tan atroz no había acabado con su cabello. Nidia le transmitía una y otra vez a su hija Estela que había que hacer algo por todas aquellas enfermas que no podían desembolsar tanto dinero por mirarse al espejo y descubrir una hermosa melena. Después de siete largos años de lucha, Nidia falleció y fue entonces cuando Estela Guerisoli fundó Mechones Solidarios.