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Los vecinos de Curantes pretenden recuperar la figura de Ramón Verea

El inventor, nacido en Curantes, está considerado como el creador de la calculadora // Vivió en Cuba, New York o Argentina, donde murió en la miseria

MÓNICA GONZÁLEZ • A ESTRADA
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Son casi contados los que conocen la historia de Ramón Verea García, considerado como el inventor de la calculadora. Su trayectoria es tan desconocida como destacada. Nació en A Estrada, concretamente en San Miguel de Curantes en el año 1833. Ahora algunos de sus vecinos, fascinados tras enterarse de su existencia, han planteado al Ayuntamiento hacer algún tipo de homenaje.

Escribió varias novelas, fundó un periódico en Buenos Aires, donde moriría en la miseria, fue maestro en Cuba, testigo del caótico nacimiento de New York....Un aventurero que pasará a la historia por patentar una máquina de cálculo que sirvió de inspiración a otros muchos investigadores e ingenieros.

Dio sus primeros pasos en la aldea de Esmorís, en una casa humilde, en la que hoy aún residen algunos lejanos descendientes. Uno de sus familiares era cura. De su mano dejó la aldea natal para estudiar Filosofía y Letras en Santiago, pero no fue precisamente un estudiante aventajado. Ingresó en el seminario, pero pronto embarcaría rumbo a Cuba donde trabajó como profesor y periodista. Allí escribiría dos novelas: La cruz de piedra y Una mujer con dos maridos.

En 1865 se trasladó a la ciudad de los rascacielos y allí creó el artilugio con el que pasó a la historia. Aunque para muchos el título de inventor de la calculadora se le queda grande, nadie duda que su invento, una avanza máquina de 22 kilos de peso, hecha con hierro y acero, que resolvía multiplicaciones en una velocidad sorprendente para la época, fue la referencia para otras máquinas más perfeccionadas como la de Steiger.

Verea, que llegó a patentarla y a ganar con ella la medalla de oro en la Exposición Mundial de Inventos de Cuba, celebrada en Matanzas en 1878, no quiso comercializarla y dio plantón a su ansia como inventor. Llegó a asegurar que sólo la había creado para demostrar que un español podía "inventar tan bien como un americano". Su creación está hoy en la sede de IBM en White Plains, en New York.

Uno de los primeros en sacar del olvido a este estradense, que dejó Estados Unidos por no estar de acuerdo con su política colonialista (para trasladarse a Guatemala y luego a Argentina), fue el escritor Olimpio Arca en la obra Emigrantes Sobranceiros (1998), donde se recogen datos de la biografía de Verea y del escritor Bernardo Rodríguez, de San Xiao de Vea

Pese a su gran logro, y a su faceta de precursor, en su tierra natal no ha recibido hasta hoy ningún reconocimiento público. Su nombre sólo figura en numerosas páginas de Internet, el libro de Arca, y en un edificio de A Estrada.

Fernando Nogueira, vecino de Curantes, se enteró de su existencia por un familiar que reside en Salamanca. Desde entonces se ha propuesto dar a conocer a todo el que puede la fascinante historia de Verea, de que todavía quedan descendientes en la parroquia. Ya le ha comentado a los responsables municipales la posibilidad de colocar un busto del autor en la localidad. "É digno de recoñecer o mérito que tivo este home", añade Nogueira. Aunque por lo que se sabe de él (por su renuncia al éxito), seguramente no le haría gracia, lo cierto es que ni el propio Verea pudo imaginar que su ingeniosa máquina sería la base de las computadoras.

. delegestrada@elcorreogallego.es

UNA VIDA APASIONANTE

Un prolífico autor que acabó en un panteón anónimo de Chacarita

Está claro que a Verea no le movían ni las ansias de triunfar ni el dinero. Después de patentar, en septiembre de 1878 su calculadora rechazó varias ofertas e intentos para su comercialización. En el New York Herald declaró que sólo le movía construir al avance de la ciencia "y un poco de amor propio".

Como periodista, llegó a fundar la publicación El Progreso, en Buenos Aires, ciudad en la que acabó sus días, sólo y en la miseria en 1899. Durante su estancia en New York trabajó en diversos oficios. Siguió dando clases, fue traductor y comercial de maquinaria de artes gráficas, donde puede que adquiriera algunos conocimientos tecnológicos de la época.

Crítico con la política estadounidense volvió al sur, a Guatemala y más tarde llegó al país austral. Nunca dejó de escribir ni de ejercer el periodismo. Además de las dos novelas publicadas en Cuba, fue autor de obras como Contra el altar y el trono, Catecismo librepensador o cartas a un campesino, y América para los americanos, entre otras. No regresaría a España, donde advertía que había "demasiados escritores y abogados", porque creía que una sociedad precisaba de ingenieros e inventores para su independencia.

El 6 de febrero de 1899, a las puertas ya del nuevo siglo, fallecía en Buenos Aires a causa de una afección pulmonar, según la crónica facultativa de la época. El Eco de Galicia destacaba en su necrológica su "honradez" y "extrema pobreza". Fue enterrado en un panteón anónimo del cementerio del Oeste, hoy conocido como Chacarita .

 

MÁS DATOS

La primera con las cuatro operaciones

Su máquina de cálculo fue la primera en efectuar las cuatro reglar matemáticas de forma exacta y con hasta 15 cifras. El sistema de multiplicación se basó en otro patentado años antes. Pascal o Leibniz habían trabajado antes sin éxito en el cálculo mecánico.

La prensa de la época resaltó el gran avance

Publicaciones como el New York Herald o el Scientific American, entre otros, se hicieron eco del gran invento del estradense Ramón Verea. Resultaba aún más asombroso todavía teniendo en cuenta que llegaba de un hombre de letras, y no de un científico .

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